Columna de Rodrigo Cabrillana: Cecilia, un legado incomparable 

Cecilia Pantoja Levi, una de las máximas estrellas juveniles de los ’60 que abrió camino en la escena de la música popular chilena, falleció hace unas horas. Deja una importante herencia de canciones e historia que sin duda será aclamada durante mucho tiempo por sus incondicionales seguidores y seguidoras.

Por  RODRIGO CABRILLANA / Foto: ARCHIVO

¿Qué decir sobre Cecilia que ya no se haya dicho en estas últimas horas? Sin duda es complicado, porque las loas de todo tipo, las reseñas biográficas, los recuerdos y los apuntes sobre su reconocida obra musical han invadido los medios y las redes sociales casi como spam el día que le tocó partir. 

Pero, tal vez puede resultar interesante comentar cómo muchos de esa generación de los ’90 que experimentábamos radialmente un nuevo boom de la música chilena de esos años, conocimos a baluartes como “la Incomparable”, porque precisamente su música comenzó a ser reproducida por algunos de estos referentes que instalaban sus canciones en el imaginario juvenil de fin de siglo. 

En ese sentido, fue gracias a “Compromiso” en la versión de Javiera & Los Imposibles, el fogonazo musical que nos puso por delante quién era Cecilia. Porque más allá de que la canción nos pudiera sonar con un aire vintage y célebre a todos los que escuchábamos ese track de “Corte en Trámite”, el disco de Javiera, por cierto, había una profunda relación de esa musicalidad con un pasado reciente en la música popular chilena del que tampoco se hablaba mucho en el periodismo de cultura y espectáculos de 1995. 

Sin embargo, el impacto de “Compromiso” fue sólido, y comenzó a hablarse de Cecilia en diarios, revistas, pero sobre todo en plataformas radiales FM de las que estaría excluida totalmente con sus canciones habituales. De hecho, resultaba extraño escuchar al mismo Alfredo Lewin, en “Placa Sónica” de Radio Concierto, referirse brevemente a la esencia de una composición como ésta. O también, que esa influencia empezara a vislumbrarse como parte del componente musical de repertorios de bandas que en “la transición” marcaron profundamente el cancionero chileno. Tal es el caso del grupo Los Tres, que en “Amor Violento” dejan al descubierto la referencia de Cecilia en la belleza entrañable de lo que resulta esa canción. Y así suma y sigue… Hasta el artista multidisciplinario Germán Bobe la incluiría como parte del imaginario que inunda su vasta obra. Es más, una de las primeras veces que Cecilia toma contacto con Javiera Parra y Álvaro Henríquez, líder de Los Tres, es precisamente en el lanzamiento de la película “Latina”, dirigida por Bobe. 

“Mostramos la película en el Centro Arrayán en esa época, y además conseguí que fuera Cecilia Pantoja, que cantó también con Álvaro. Lo que fue todo un logro (…), donde además yo produje el encuentro, busqué a Cecilia, la subí al escenario y la junté con Álvaro. Todo eso era parte de las asociaciones musicales y creativas que teníamos con Henríquez, que eran múltiples”, acota el aludido Germán Bobe en el texto “Noches de Rock & Roll”, haciendo gala y evocando la memoria de este inolvidable encuentro. 

En tanto, para el escritor Fabio Salas, “Cecilia es una artista esencialmente popular cuya música y cuyo arte está absolutamente enraizado en el gusto y en la afectividad del pueblo chileno. Porque ella tenía una identidad artística y escénica que es absolutamente propia, intransferible e incuestionable”. 

Por lo mismo, si hay algo que se ha destacado en las distintas notas que han mencionado a Cecilia, es que su puesta en escena era original y que la hacía despuntar de sus pares que también eran parte de la Nueva Ola, el movimiento al que se asocia la época musical de la cantante proveniente de Tomé.

Además, que al escuchar sus canciones se percibe claramente esa chilenidad que no siempre es evidente en la música hecha en el territorio. Porque por más que la música italiana, el tango y el rock & roll pudieron haber sido muy influyentes a la hora de componer, Cecilia toma todas esas sonoridades y finalmente las transforma en una tonalidad con identidad personal y que despliega ecos melódicos inconfundibles al momento de escuchar sus piezas musicales. 

No obstante, y como siempre ocurre en las escenas del arte popular, muchas han sido las veces que Cecilia fue cuestionada por el periodismo de época, pero cuyas controversias finalmente quedaron en el papel y los rumores despreciables, y lo que realmente se propagó fue su obra, su música, su performance, y el acto pionero también de ser una de las primeras y principales mujeres destacadas en su género: el canto.

Y como termina de señalar Fabio Salas, “aunque de los ‘90 en adelante el esnobismo de ciertos sectores culturales la quiso revestir de una categoría que no le correspondía por ascendiente musical como eso de “reina del underground”, Cecilia supo trascender y traspasar ese tipo de oportunismos con que cada cierto tiempo la cultura chilena reviste alguna de sus figuras consulares. Creo que el arte de Cecilia, incomparable, por cierto, perdurará en el tiempo y se proyectará hacia las culturas del futuro como un referente sólido, muy nacional, profundamente chileno y que de alguna u otra manera será recuperado por las generaciones del futuro. Esperemos que así sea. Cecilia es una artista viva, una artista que como por la manera en cómo planteó su arte no puede morir ni dejar de perdurar. ¡Larga vida a La Incomparable!”.