Columna de Rodrigo Cabrillana: Christian “Chumale” Bravo y la ética de un roadie

El pasado domingo 31 el destacado músico y técnico falleció luego de batallar durante meses con una larga enfermedad. Su trabajo con Los Tres, con González y Los Asistentes y con Lord Byron hicieron historia en la escena de la música popular chilena.

Por RODRIGO CABRILLANA / Foto: GENTILEZA

Fue una calurosa tarde en marzo de 2014, en los camarines de la sala SCD de Bellavista, la primera vez que conversé brevemente con Christian “Chumale” Bravo, sonidista, compositor y bajista de González y Los Asistentes y el grupo de rock Lord Byron. Me pareció una persona risueña, amable y empática, apenas nos conocimos comenzaron las bromas y lo que más me llamó la atención es que nunca dejaba de sonreír.

Le conté que me encontraba haciendo una investigación sobre el rock de Concepción y el legado musical de Los Tres y se ofreció a colaborar inmediatamente en todo lo que pudiera: “Yo también quiero participar”, me dijo. Intercambiamos correos y tan solamente unas semanas después, estábamos conversando detenidamente en su casa.

Lo anecdótico, es que yo conocía bien a “Chumale” por su trabajo en la música, ya que lo había visto tocar con sus dos bandas, y además un amigo de la región de Valparaíso me había contado algunas jocosas anécdotas con él, cuando sus proyectos musicales se habían entrecruzado en algún escenario local.

Lo había descrito de hecho, como el más extrovertido de González y Los Asistentes, el grupo de rock que entremezclaba la poesía en su repertorio de canciones, que estaba conformado por músicos que trabajaban como roadies y productores y que nació al alero de Los Tres a finales de los ’90.

Todo lo que se decía sobre Christian era tan cierto, como esa energía radiante que se desprendía de su aura.

Lo interesante de cuando iniciamos nuestra entrevista, es la historia que “Chumale” guardaba consigo y que probablemente no había compartido con mucha gente, salvo sus cercanos. Me contó que había llegado a trabajar con Los Tres en la época de “Fome”, en 1997, cuando recién se estrenaba el disco y la agrupación estaba preparando los conciertos de lanzamiento para Valparaíso y Santiago en una sala de teatro que quedaba en Avenida Italia, en la comuna de Providencia.

Y lo más admirable era el respeto y el cariño con el que Christian hablaba de sus antiguos empleadores. En un momento inclusive me di cuenta de que posiblemente quería tanto a Los Tres como quería a sus compañeros de banda. “Chumale” amaba el rock y, para él, Álvaro, Titae, Pancho y Ángel eran parte de su familia musical. Los elogiaba artísticamente, resaltaba lo grandes músicos que eran y dejaba de manifiesto que probablemente esa etapa de trabajo era de lo mejor que le había ocurrido en la vida.

Pero, lo más cautivador, es la lucidez con la que me hablaba de Roberto Lindl, Titae, que era su jefe directo en la banda, y de quien Christian estaba encargado de tener sus instrumentos al día en mantención y calibración. De hecho, “Chumale” lo veía como un buen amigo, que le gustaba que estuviera todo en orden sobre el escenario antes de tocar, pero con el que siempre estaba compartiendo más allá. Es más, cuando lo definía musicalmente, para Christian, Roberto era un bajista y contrabajista virtuoso que estaba entre el rockabilly y el jazz.

Sin embargo, lo más interesante estaba por venir. Porque en el living de su casa donde realizábamos la entrevista, Christian guardaba con esmero dos instrumentos que en un momento habían sido parte de la historia elemental de Los Tres y Titae, y que nunca imaginé tenerlos en frente. El primero, era el bajo acústico Mesko que Lindl utilizó en algunos temas del mítico Unplugged de MTV de Miami en 1995 y también tenía consigo el bajo Gibson Thunderbird que Titae utilizó para la grabación del videoclip de “Bolsa de Mareo” perteneciente al primer sencillo del disco “Fome”. Ambos estaban bajo su custodia y de alguna u otra manera habían ido a dar con él. En lo personal y como seguidor también de la banda, aluciné totalmente y nos extendimos mucho rato hablando sobre esas experiencias.

Y así fue que la entrevista se alargó considerablemente, y siguieron más historias con los Asistentes, con las giras internacionales de Los Tres, con el trabajo compositivo de Álvaro Henríquez y hasta el periodista y escritor argentino, Enrique Symns, apareció en el horizonte. El diálogo se cerró con una sesión improvisada de fotos con Christian retratándose con sus apreciados instrumentos. Nos despedimos y quedamos de seguir en contacto.

Pasó el tiempo y en 2022 publiqué “Estallar en mil pedazos y ser feliz”, un libro que por medio de una crónica conmemoraba el aniversario 25 del disco “Fome” de Los Tres, y del cual el testimonio de “Chumale” era parte importante de ese trabajo. De hecho, en el capítulo II del texto, dedicado a la labor de los roadies, se puede leer gran parte de la entrevista que sostuvimos con Christian y en la cual habla con mucho afecto y distinción de la historia de Los Tres con ese disco ícono del rock chileno y la época.

El libro se lanzó en septiembre de ese año en el Centro Cultural de España en Santiago y fue presentado por el conductor de radio Alfredo Lewin y la comunicadora de televisión viñamarina, Paola Zúñiga Marro.

Cuando le comuniqué a “Chumale” que era parte del libro se fascinó, y me expresó “lo bello” que encontraba haber sido un aporte para el proyecto final. Le llamaba la atención que lo consideraran y que su historia también formara parte de Los Tres. Llegué hasta su casa una mañana primaveral y le entregué una copia personalmente, agradeciendo su colaboración y contándole el alcance que estaba teniendo la publicación. Conversamos cálidamente, envió discos firmados de Lord Byron de regalo para Paola y Alfredo y se despidió afectuosamente porque debía cumplir con un montaje de sonido. Es más, se despidió como lo hace un cercano, con un abrazo y diciéndome al oído: “Cuando quieras hablar con Titae dime, él es mi amigo”.

Lamentablemente, “Chumale” enfermó gravemente al poco tiempo, y jamás se recuperó. No pensé jamás que no volvería a verlo. Cuidado y amado profundamente por su familia, Christian resistió durante meses, hasta que su cuerpo le dijo basta. Una publicación en redes sociales me alertó la mañana del 31 de diciembre que ya no estaba entre nosotros. Se me partió el corazón, pero me sentí afortunado de conocerlo y compartir con él algunas experiencias sobre la música.

Hacía tan sólo semanas antes, trabajando para un medio en la Feria Pulsar de la Estación Mapocho, que había tenido oportunidad por primera vez de entrevistar brevemente a Titae Lindl e irremediablemente me acordé del “Chumale” y su promesa de conectarme con el bajista histórico de Los Tres, que de alguna manera se materializaba indirectamente.

No obstante, con su partida, el legado que nos deja es inmenso. Porque no solamente quedan sus discos con Lord Byron y González y Los Asistentes, sino también queda su calidad humana para todos aquellos que lo apreciábamos como un buen amigo. Porque Christian era tremendamente generoso con quien lo requiriera, incluso si no te conocía en demasía.

Para finalizar, son varias las anécdotas que podría sumar a esta columna, pero una de las historias con él que más me llamó la atención, fue cuando me habló sobre la fotografía de portada que traía consigo el disco “Sin Salida” de su grupo, Lord Byron, y donde se apreciaba a uno de los integrantes del GAP de la comitiva de Salvador Allende, en posición de ataque en uno de los balcones de La Moneda el 11 de septiembre de 1973. Según “Chumale” era una instantánea que la había tomado el papá de un amigo y que, haciendo alusión al título del disco, la pusieron como imagen principal de la carátula.

La vida sin duda es efímera, pero “Chumale” vivió cada día intensamente en el rock. Descansa en paz, Christian, y muchas gracias por todo. La memoria colectiva, artística y musical mantendrá vivo tu recuerdo.