Columna de Sebastián Gómez Matus: 23 de marzo es el Día del Mar en Bolivia

A casi 150 años de la Guerra del Pacífico y después de 10 años de juicio ininterrumpido en la Corte Internacional de Justicia por la demanda marítima, Bolivia prepara la celebración del Día del Mar.

Por SEBASTIÁN GÓMEZ MATUS / Foto: ARCHIVO

Para medios, políticos y militares, la relación entre Chile y Bolivia es siempre la misma: nefasta. Sin embargo, para cierto porcentaje de la población chilena, Bolivia es una suerte de meca espiritual a la que se va en los años universitarios y marcan definitivamente la conciencia de un continente, de las culturas que la componen y del ridículo coercitivo de las fronteras. Silvia Rivera Cusicanqui hoy es un must en la formación del pensamiento latinoamericano. Es una filosofía continental que no es atendida, en parte, gracias a modas e imposturas “intelectuales” que impiden que brote el hongo.

Ya estamos viejos como países, quizá nacimos como repúblicas natomuertas, pero la idea continental, sin suprimir las culturas nacionales (imposible por lo demás), renueva sus fuerzas. Luis Arce, el actual presidente de Bolivia, comunicó lo siguiente en su cuenta de Twitter: “Hoy recordamos 144 años de la defensa histórica de Calama por parte de los héroes bolivianos que ofrendaron su vida para preservar la integridad de la Patria. ¡Honor y gloria a todos ellos! Por verdad, justicia, historia y razón, hoy y siempre ¡#MarParaBolivia! #ElMarNosUne”. Si seguimos pensando así, seguiremos teniendo presidentes.

Como se ve, el nacionalismo es rampante. Pocos recuerdan cuál fue la génesis de la Guerra del Pacífico. Bolivia había heredado del Virreinato del Perú una región riquísima en minerales: Antofagasta, que hoy es un desmadre absoluto. El feble desarrollo industrial no le permitía explotar y extraer los yacimientos minerales de la región. Chile, en alianza con los ingleses, en 1873 alquiló al gobierno boliviano la concesión para extraer guano y salitre en Antofagasta. En esa época, ambos fertilizantes eran fundamentales para el desarrollo agrícola. Pongamos atención a todos los aspectos que cruzan el conflicto y el posterior curso de los hechos.

Tras el terremoto de Iquique en 1877, el sismo de 8,5 destruyó el puerto de Antofagasta. Para poder reconstruirlo, sin fondos, el gobierno boliviano subió los impuestos a Chile, es decir, a los ingleses: Compañía de Salitre de Chile. Para los chilenos (“los chilenos” es una metonimia, pues era un grupo de empresarios y políticos) este hecho fue entendido como la violación de un tratado de 1874, donde Bolivia se comprometía a no subir los impuestos en un período de 25 años. En fin, se desató la guerra.

No comentaré los hechos de la tan mentada Guerra del Pacífico, una suerte de orgullo nacionalista para chilenos y de resquemor nacionalista para peruanos y bolivianos. El mar es visto como un recurso, no como mar. Además, el mar que Bolivia reclama en realidad tampoco es chileno. ¿Cómo la costa pacífica podría ser nuestra, de un país? Lo que está a la base es la lógica de explotación del mar y la tierra; esa lógica debemos superar. Es cosa de ver qué pasa con la pesca artesanal en Chile. La vindicación boliviana debiera tomar otro curso, un curso que modifique la interpretación de la política: pasar de lo nacional a lo continental, de la fragmentación inducida a la continentalización. En vez de demandar, conversar. Tomar singani y vino en una misma mesa.

Todo el mundo lo sabe: se llamó la Gran Colombia, pero hoy vivimos en lo que denomino la Gran Cúcuta. En lo que la derecha denominó, siempre cizañera, Chilezuela. Pues bueno, la idea de la Gran Colombia (que en algunas corrientes decoloniales se le denomina Abya Yala, vocablo kuna, que signfica “tierra en flor” o “tierra madura”) proviene de un grupo de pensadores venezolanos.

Hay que decirlo: la migración venezolana en Chile es un negocio sutilísimo, que tanto izquierda como derecha disfrazan desde sus terminologías autotélicas: la primera le denomina migración y habla siempre en contra de la xenofobia; la segunda, habla de migración y es xenófoba, aunque son ellos quienes profitan de este éxodo orquestada desde antes de que comenzara la “migración”.

Un dato: la población chilena no crece. De allí la importación de personas, de vientres, de gente que está en otro momento de la cultura y la reproducción (en términos de Federici). Pongo entre comillas la palabra migración porque una “migración” es otra cosa, en realidad es una noción antropológica más que sociológica, cuyo uso refiere a los movimientos de poblaciones, algo más orgánico. A esto podríamos llamarle “flujo de capitales”, “mano de obra internacional”, no lo sé, habría que encontrar la forma de llamarle si acaso la sociología no tiene ya el término.

¿Por qué vinculo la situación-Chilezuela con la vindicación-Mar-para-Bolivia? Ambas situaciones son determinadas políticamente por una maniobra metonímica. La Guerra del Pacífico no fue Chile, sino los intereses de unos pocos (sus dueños), que contaron con el Ejército de Chile, es decir, personas de a pie sin otra opción que ir a matar o morir, a saquear y violar. Lo mismo con los venezolanos: entre todos destruyeron la vía bolivariana que, lamentablemente, desde antes del deceso de Chávez, había perdido la brújula. ¿Cómo es posible que casi todos los venezolanos en Chile sean de derecha, siendo que la tradición intelectual de Venezuela es tan abigarrada como radical? Simón Bolívar, Simón Rodríguez, Francisco Miranda, Andrés Bello, etc.

Mi hipótesis cultural es la siguiente: la derecha hizo la Gran Cúcuta, negativo proporcional de la Gran Colombia, es decir, desde un capitalismo que busca renovarse con poblaciones extranjeras insertas a la mala en un clima totalmente otro, pauperizando las condiciones laborales en ambas direcciones.

La derecha logró hacer lo que América Latina (concepto de Francisco Bilbao) no ha podido o no le han permitido hacer. Ya que estamos, podríamos aprovechar que el movimiento de unificación, aunque no se vive como tal y ha sido forzado, se enrarezca y tome otro curso. Un gesto sería abrir una entrada de mar para Chile. Suena descabellado, pero las transformaciones reales suelen provenir de gestos inusitados, incomprensibles.

“Un gran país es un cauce profundo,

el punto de encuentro hacia donde todo fluye,

la hembra del universo” (Tao)-

Siempre he sostenido que Chile es el único país de América Latina que puede dar el batacazo sociocultural, por una cosa muy específica: el lenguaje. Nuestro modo de empleo del castellano, la lengua colonial que nos uniría, es decir, la lengua que volveríamos en contra del proceso neocolonial, es único. Hablando castellano, somos lo incomprensible. Habría que llevar a cabo una seguidilla de actos incomprensibles para que la realidad cultural de nuestro continente girara abruptamente hacia lo que antes llamábamos utopías. Las utopías no han caído; eso quieren dar a entender, pero no es así. Ya lo dijo el poeta de la tierra, Jorge Teillier: yo vivo en mi propia utopía. Lean “Mar paraguayo”, de Wilson Bueno, allí hay una clave lingüística.

Mar para Bolivia.