Columna de Sebastián Gómez Matus: A 12 años de la muerte de Felipe Camiroaga, un ícono pop

Al cumplirse un nuevo aniversario de la trágica muerte del otrora animador de televisión, mucha gente de la tele colgó mensajes para el Halcón de Chicureo.

Por SEBASTIÁN GÓMEZ MATUS / Foto: ARCHIVO

Recuerdo que venía de la casa de dos amigos que en ese momento estudiaban cine en la Chile, Catalina Donoso y Sebastián González, que entiendo hoy es transgénero y vive en Francia. Habíamos carreteado hasta alrededor de las cuatro de la mañana y el día anterior había terminado de releer “Estrella distante”, de Bolaño, en la cama de una de las mujeres más hermosas con la que haya compartido el tálamo alguna vez. Me levanté antes que todos y crucé Santa Isabel hacia La Ponderosa, un almacén de barrio que sigue siendo el más barato del sector.

Mientras comía una empanada de pino y bebía una Coca-Cola express, escuché a mis espaldas la noticia: Felipe Camiroaga había muerto en un trágico accidente aeronáutico junto al periodista Roberto Bruce y el empresario Felipe Cubillos, además de quienes pilotaban el avión: el teniente Juan Pablo Mallea y la teniente Carolina Fernández, una de las primeras pilotas de la FACH. La señora del almacén estalló en llanto y repetía sin cesar: “Mi Felipito… Mi Felipito…”. Yo veía las imágenes del avión y recordaba a Carlos Wieder.

Al principio, me dio risa la reacción de la señora, pero su señor esposo, que estaba en la caja, me dirigió una mirada severa a modo de correctivo. Entonces comencé a ver las imágenes que repetían una y otra vez transmitiendo un dolor que se hacía nacional a fuerza de matinales y apariciones en la pantalla chica.

Felipe Camiroaga era y es indiscutiblemente uno de los rostros televisivos más carismáticos y queridos por la señora dueña de casa, que lo tenía por santo a la vez que era portador de una virilidad que hoy no se transmite por televisión.

La realidad ha cambiado mucho. De estar vivo el conductor, ¿qué relación tendría el Presidente Boric con Camiroaga? Seguramente la recepción mediática del Presidente sería otra, no me cabe duda. ¿Habría sido un constituyente? ¿Cómo hubiese sido tratado el estallido social o revuelta popular desde la trinchera de los matinales? Sin ir más lejos, los matinales tal y como los conocemos hoy, junto con el modo publicitario de los mismos, fueron una invención estratégica y económica del ex ministro de Cultura Jaime de Aguirre.

Camiroaga tenía un arrastre muy grande entre la gente, incluso entre hombres. De hecho, durante años su soltería dio paso a especulaciones sobre una posible homosexualidad que el animador supo disipar sacándose una foto con alguna mujer hermosa o a lo mejor pagando para que se inventara un cahuín que lo dejara tranquilo con sus animales en Chicureo.

Lo cierto es que Camiroaga parecía estar comprometido con la masa chilena de dueñas de casa, con el corazón de las damas marchitas por la labor doméstica, con la mujer chilena que gran parte del feminismo no logra siquiera vislumbrar.

Para quienes no saben, la madre de Camiroaga había sido secretaria del ministro de Economía del Presidente Allende, es decir, el conductor era de izquierda. Una izquierda reputada, no esta nueva izquierda mimética que aún no se hacía camino entre los escombros binominales.

Tal vez Camiroaga tuvo que morir para que Chile entrara en este vórtex aceleracionista, propiciado en gran medida por el descalabro de ese avión contra el Pacífico. No es ridículo preguntarse qué significó la muerte del conductor de TVN para un país que fue capaz de hacer toallas de veraneo con su imagen sonriente, tan pagana como sagrada.

También cabe destacar que estudió en el Colegio San Ignacio El Bosque, formación que seguramente aportó a esa faceta humanitaria, de conciencia social, al carisma casi crístico que lo caracterizaba. Sin ir más lejos, ¿qué era sino el “Washington”? Ese personaje que ampliaba el registro de su carisma y su entendimiento del alma nacional. Ni hablar de “Luciano Bello”, proveniente de Maracaibo con toda su chabacanería a cuestas, tal vez un presagio de lo que vendría con los años gracias al ex presidente Piñera.

En fin, se cumplen 12 años de la muerte de uno de los rostros más queridos de la televisión nacional, si no el más querido. Era una persona peculiar dentro del medio, en gran medida por su conducta, hasta donde se sabe, intachable. A tal punto era único, que las últimas palabras que registró en su cuenta de Twitter eran los siguientes versos del poeta Gonzalo Rojas: “Del aire soy, como todo mortal, del gran vuelo terrible y estoy aquí de paso a las estrellas”.

SEBASTIÁN GÓMEZ MATUS

Poeta y traductor. Ha publicado “Animal muerto” (Aparte, 2021) y “Po, la constitución borrada” (facsímil digital). Entre otros, ha traducido a John Berryman, Mary Ruefle, Zachary Schomburg y Chika Sagawa. Forma parte del colectivo artístico transdisciplinar Kraken.