Columna de Sebastián Gómez Matus: El legado musical de Víctor Jara

Con la visita de Tom Morello a Chile para la conmemoración de los 50 años del Golpe Militar, la figura y la música del cantautor adquiere otra dimensión.

Por SEBASTIÁN GÓMEZ MATUS / Fotos: ARCHIVO

Es difícil distinguir la vida y la obra de un artista, sobre todo la de un artista como Víctor Jara, cuya vida es indistinguible de su obra. Sin embargo, con los años su música ha ido cautivando a una audiencia cada vez más lejana a la vez que más conectada con las nuevas generaciones.

Es el caso de Tom Morello, guitarrista de Rage Against The Machine, una de las bandas favoritas de las generaciones posdictadura, que abrió todo un sonido nuevo en los noventa y que según cuenta en varias entrevistas, influenció al guitarrista desde muy joven, incluso antes de tocar guitarra. El antecedente más remoto es la hermosa versión que hace Joan Baez de “Te recuerdo Amanda”, una de las canciones más reconocidas del cantautor chileno.

Tom Morello fue mucho más allá y en varias ocasiones ha mostrado consignas que pega al reverso de su guitarra, tales como “Justicia Víctor Jara”. En varias ocasiones ha comentado el asesinato de Víctor Jara y se ha referido con palabras muy específicas a su legado: “Conocí a Víctor Jara en mis estudios sobre cómo Estados Unidos intervino en Latinoamérica apoyando el golpe fascista que derrocó a Allende”.

Más adelante continúa: “La gente pregunta si acaso la música puede cambiar el mundo, si la música realmente importa… Bueno, Víctor Jara es un ejemplo perfecto de que sí, absolutamente. Víctor Jara era considerado tan peligroso para los fascistas, que tuvieron que matarlo. Así de importante es la música, es así como la música puede cambiar el mundo, así de grande era la amenaza para el régimen que querían instalar”.

La relación de Morello con la figura y legado de Víctor Jara va más allá de las declaraciones. El músico visitó la tumba del autor de “El cigarrito”, junto con la de Allende, y tuvo un encuentro muy lindo con la viuda de Jara. De allí la invitación de parte del Gobierno, específicamente del Presidente Boric.

El reverso de la guitarra de Tom Morello.

Desde el punto de vista político, el legado de Jara es inexpugnable: su música es la continuación de una lucha que no cesa, que al menos no debiera cejar. Como dijimos al principio, su música entreteje su vida y viceversa; es imposible distinguir una de otra. De hecho, días antes de matarlo, le rompieron los dedos. La pregunta sería, ¿cómo escuchamos a Víctor Jara hoy? ¿qué hacemos con su música?

Por ejemplo, la parte más alegre de su obra no suele relevarse lo suficiente, como la canción “A Cochabamba me voy”, que encierra toda una épica y un peregrinaje. El viaje a Bolivia es una suerte de iniciación al continente que viven los jóvenes en sus primeros años de universidad, donde el fortalecimiento de la idea bolivariana se vive en carne propia, aunque sea de manera idealista; además, es la edad de los idealismos.

Aparte del legado musical, estas obras encapsuladas en la ideología que las sostiene y recubre, siguen interrogando al presente, propiciando la conciencia de clase (perdida casi absolutamente en Chile) con el despertar creativo (controlado en exceso por la industria cultural). Víctor Jara hizo su música sin aparato estatal, para llegar a un estado de las cosas que nunca llegó, pero su música sigue ahí: escúchenla. Nos habla una voz viva, una guitarra que mata fascistas.

SEBASTIÁN GÓMEZ MATUS

Poeta y traductor. Ha publicado “Animal muerto” (Aparte, 2021) y “Po, la constitución borrada” (facsímil digital). Entre otros, ha traducido a John Berryman, Mary Ruefle, Zachary Schomburg y Chika Sagawa. Forma parte del colectivo artístico transdisciplinar Kraken.