Columna de Sebastián Gómez Matus: ¿Por qué son tan malos los comentaristas de fútbol chilenos?

Fluminense, el vigente campeón de la Copa Libertadores, demostró ante Colo Colo un juego feble, cuando no ratón, cuando no derechamente pusilánime. ¿Por qué la tríada que comentó anoche el partido fue tan condenadamente pusilánime?

Por SEBASTIÁN GÓMEZ MATUS / Foto: AGENCIAS

La supuesta probidad periodística de los comentaristas de fútbol de nuestro país da cuenta de un síntoma cada vez más claro en nuestro fútbol que, por malo y fome que sea el campeonato nacional, ayer mereció ganar en Brasil. Colo Colo, el equipo del pueblo, hizo un gran partido en el Maracaná y tuvo para empatarlo. La decisión del VAR fue polémica y confirmó la regla copera que inclina el arbitraje para el local, sobre todo si es brasileño o argentino.

Anoche, Fluminense, el vigente campeón de la Libertadores, demostró un juego feble, cuando no ratón, cuando no derechamente pusilánime. ¿Por qué la tríada que comentó el partido fue tan condenadamente pusilánime?

Muchos comentarios en contra del juego, del jugador, “Colo Colo vendió cara la derrota”, en vez de decir: Colo Colo mereció ganar, jugó al fútbol para ganar, los jugadores corrieron, metieron, jugaron al fútbol. ¿Por qué el comentarista deportivo chileno comenta en contra de su fútbol?

No se trata de si eres del Cacique o de la U o Huachipato: cuando un equipo chileno juega Copa Libertadores de América hay que apoyarlo, no basta con transmitir el juego que, aparte, como oficio, el comentarista chileno contemporáneo debe ser uno de los que menos sabe de fútbol, el que menos sangre tiene y el más irrespetuoso de la gente que le da de comer.

¿Han escuchado a los comentaristas argentinos? El argentino (“Pollo” Vignolo, por ejemplo) es un apasionado de su fútbol, de su nación, de su cultura. No se trata de ser nacionalista, pero transmitir un partido de fútbol, comentarlo, es un privilegio enorme, y más vale hacerlo bien.

Recordemos el relato de Vladimiro Mimica, un relato absolutamente político, poético incluso. Los comentaristas argentinos hacen patria cuando transmiten un partido copero de Boca, de Lanús; da lo mismo el equipo: es su cultura.

Nuestros comentaristas practican abiertamente el chaqueteo, sobre todo Schiappacasse… ¿Habrá jugado a la pelota alguna vez? ¿Quién es Rodrigo Vera, con esa voz zalamera (valga la rima), esa voz de peón?

Durante todo el partido, mientras los jugadores se mataban en cancha, mientras el árbitro inclinaba la cancha, mientras Fluminense demostraba que es el equipo más chico de los grandes del Brasil, los comentaristas emitieron opiniones que dan cuenta de una cultura inextirpable de nuestra nación. Es algo mucho más complejo que el chaqueteo, es un complejo de inferioridad disfrazado de objetividad o de profesionalismo.

Una cosa es hacer bien el trabajo, otra es volver el trabajo algo edificante, sobre todo en una instancia eminentemente popular revestida de neoliberalismo. El fútbol, deporte y práctica popular por excelencia, es lo más capitalista de nuestra sociedad capitalista.

Comentario aparte:¿hasta en el arbitraje nos sale una terna venezolana? ¿Es una maldición? ¿hay alguna metarreferencia sociocultural en el hecho de que el árbitro fuera venezolano? ¿Por qué no fue ecuatoriano, colombiano, argentino, peruano, boliviano?

El árbitro Jesús Noel Valenzuela fue un desastre: la amarilla a Vidal condicionó todo el encuentro del 23 albo, que hizo un gran partido; lo de Felipe Melo era expulsión (se entiende que de local era imposible que lo echara); la expulsión de Wiemberg pudo haber sido perdonada para no inclinar la cancha, ya que Colo Colo estaba en control del juego; no dejó jugar el tiempo adicional; cortó la última jugada del primer tiempo de Colo Colo.

En definitiva, transformó el partido en una suerte de telenovela venezolana, dialogando con casi todos los jugadores en el campo. Finalmente, el gol anulado era discutible: la pelota da en la mano, pero el VAR muestra una repetición tendenciosa de la jugada. Aun más: todos sabíamos que lo iba a anular por el simple hecho de que Fluminense estaba de local. La Conmebol tiene que revisar estas decisiones arbitrales, el VAR tiene que ser ajustado, merece una revisión crítica en tanto herramienta.

Lo que dijo Valdano: interrumpe el momento sagrado del fútbol, el gol. Una pesadilla el arbitraje y su incultura futbolística.

En fin, rabia por la derrota, más rabia por la falta de cultura de los comentaristas deportivos, que intentan disfrazar de objetividad. ¿Qué objetividad se puede tener viendo un partido de fútbol? ¿Hay una comisión económica para la objetividad en el comentario futbolístico?

Necesitamos comentaristas a lo Raúl Ruiz, comentaristas inteligentes, que hayan jugado aunque sea taca-taca, no esta gente que lleva años diciendo cada absurdo, descuidando al hincha, al jugador y al fútbol, que es el juego más hermoso del planeta. ¿Habrá otros periodistas que les corra sangre por las venas? Conozco a uno: Enzo Olivera. ¿Acaso no es síntoma de lo que digo que todo el fútbol internacional sea comentado por argentinos? Seguramente, también allí hay una mafia; sin embargo, transmiten pasión por el juego, valorizan a sus compatriotas, inclinan la cancha.

El fútbol es un deporte hermoso, el comentarismo futbolístico un acto político (recuerdo a Carcuro citando a Eliseo Diego en un mundial al que Chile no fue; Julito Martínez, tomándose la palabra para decir lo que pensaba, etc.). Al parecer, hay mucha ropa tendida.

De todas formas, Colo Colo es grande, merecía ganar, amargo sabor, vamos todavía. Otra cosa: la derrota no se vende. ¿Hasta cuándo con las metáforas liberales?

SEBASTIÁN GÓMEZ MATUS

Poeta y traductor. Ha publicado “Animal muerto” (Aparte, 2021) y “Po, la constitución borrada” (facsímil digital). Entre otros, ha traducido a John Berryman, Mary Ruefle, Zachary Schomburg y Chika Sagawa. Forma parte del colectivo artístico transdisciplinar Kraken.