Columna de Sebastián Gómez Matus: ¿Qué significa la Argentina para nosotros?

Más allá del fervor mundialero, el fútbol es un deporte anclado en un contexto social global. Por lo mismo es un deber pensarlo desde el juego y desde la poética que conlleva. Lo que está haciendo la “ilusión” argentina de fútbol es un pase gol para el pensamiento.

Por SEBASTIÁN GÓMEZ MATUS / Foto: ARCHIVO

Le comentaba a un gran amigo poeta chileno de papá argentino: Messi, y con él la Argentina, está poseído por el espíritu de Maradona. Así funciona la Argentina. De lo que conozco, es la única nación que funciona así: espiritualmente. Es un espíritu laico, logrado en la nación, a pesar de todo y tal vez a causa de todo; no es algo religioso, no obstante la religión maradoniana. El espíritu argentino de la vida guarda relación con la idea de profanación de Agamben: restituye a la realidad lo que ha sido extirpado de ella por procesos histórico-religiosos. Viven fuera de la Historia, por eso hacen historia. Argentina, como lo señalara el gran poeta de la puntuación Osvaldo Lamborghini, es hija de Hegel.

Previo al partido, vecinos chilenos y peruanos, no así venezolanos, estaban en contra de la Argentina. Quizá era una cosa histórica y limítrofe. Los venezolanos de fútbol saben poco, pero quizá puedan vibrar con este espíritu, aunque sea de manera espectacular, en el sentido situacionista.

Es curioso apoyar a un equipo europeo, si bien tenemos miles de croatas en nuestro territorio y son parte de nuestra composición. Todo bien con los croatas, pero nuestros vecinos… ¿Por qué en Chile no hay vecindad, no hay hermandad? Pienso en el gran poeta Alfonso Alcalde, que se refería a todo el mundo como “vecino”. ¿Acaso no crecimos con los argentinos, las argentinas? ¿Por qué no recoger el hábito espiritual de los argentinos? La mística, en términos futboleros.

A quien le gusta el fútbol, a quien goza la vida, es imposible que se muestre contra este equipo. Es impresionante cómo aman la vida los argentinos. Porque claro, aman a su selección, aman su país (yo detesto al mío), porque aman la vida. Los argentinos, la relación vincular de los argentinos está basada en el amor. ¿Qué hacé mostro? ¿Qué hacé fenómeno? Así se tratan; se levantan. En definitiva, ver a la Argentina es una especie de enorme lección de vida y, ya que estamos, de decolonialismo: Argentina es una lección de amor propio. Y sin amor propio no puede haber amor para el otro. La Argentina es hija de Hegel.

Por último, una coda: odiar a los argentinos, ser antiargentino, es como ser antimapuche, como odiar. ¿Por qué está tan anquilosada en la formación de los chilenos el resentimiento? El resentimiento parece un prerrequisito nacional. ¿Cómo no apoyar al vecino? ¿Cómo no entusiasmarse con la “ilusión” argentina de fútbol? Chile tiene mucho que aprender, comenzando por aprender a amarse. Ojalá tengamos el tiempo suficiente.

Sebastián Gómez Matus (Osorno, 1987) es poeta y traductor. Ha publicado las traducciones «Fin del verano», de Chika Sagawa (Abducción, 2020), «El libro de Joshua», de Zachary Schomburg (Komorebi, 2020) y «Mi felicidad», de Mary Ruefle (Lecturas, 2020). Como autor, publicó «Animal muerto» (Aparte, 2021), libro que recibió una mención honrosa en los Juegos Florales Gabriela Mistral 2019, y «PO, la constitución borrada».