Columna de Sebastián Gómez Matus: Regreso de esculturas desde Escuela Militar al Museo de Bellas Artes

Este suceso supone un acto de reparación para la cultura y también da para pensar en cómo funciona nuestra cultura y nuestra falta de cultura.

Por SEBASTIÁN GÓMEZ MATUS / Foto: GENTILEZA

Al parecer a los militares no les bastó hacer desaparecer a seres humanos sino que también encontraron lícito desaparecer esculturas que representaban vidas mitológica e históricas. No deja de ser curiosa la imagen de ver militares baleando el Museo de Bellas Artes y secuestrando esculturas. Tampoco parece menor que, entre tanto detenido desaparecido y tanta justicia por hacer, devuelvan, en vez, de cuerpos, esculturas. Todo acto reparatorio tiene su anverso vejatorio. Un acto de reparación es un acto meramente institucional.

Al mismo tiempo, habría que pensar en estas esculturas como parte de una exculturización. Me permito el neologismo para dar cuenta de lo que quiero decir. Con la llegada de la dictadura cívico-militar, que supuso el terror para muchas vidas dentro del territorio y el momento de los “arreglines” para los del otro lado, la cultura sufrió una retirada (el empleo del término militar no es casual). Así, nos quedamos en un proceso de exculturización; es el mismo gesto que remarca el ex poeta José Ángel Cuevas, tal vez uno de los pocos poetas que entendió la retirada de la cultura como tal, a diferencia de otros “agentes culturales” que supieron capitalizar el dolor y el sufrimiento de compatriotas.

La ministra Julieta Brodsky señaló que “la recuperación de estas esculturas es un acto de reparación importante para el museo y para el patrimonio del país”. La devolución consta de seis esculturas de corte clásico que pesan entre una y tres toneladas, y que fueron exhibidas en el hall del edificio, inaugurado en 1910 con motivo del primer centenario de la República.

La logística del regreso comenzó sus gestiones en octubre del año pasado tras la petición formal del director del MNBA, Fernando Pérez, con el fin de volver a exhibirlas en la muestra internacional “El canon revisitado”.

El traslado fue un proceso liderado por Florencia Achondo y el arquitecto Cristóbal Artigas, efectuado por una empresa especialista en traslados de esculturas patrimoniales, contando con un equipo de alrededor de 20 personas. A su vez, el traslado contó con la ayuda de Denise Ratinoff de Lira, Teresa Solari Falabella y Juan Yarur Torres, quienes donaron recursos privados para dicha labor.

Las esculturas son reproducciones de piezas clásicas en mármol. Las piezas son “Laoconte y sus hijos”, “Apolo Musageta” y “Venus de Medicis”, que estuvieron exiliadas en el ingreso al casino de oficiales de la Escuela Militar por 49 años. También estaba el “Galo herido”. En el estadio se encontraban: el gladiador Damoxenos y el gladiador Creugas. Sería interesante hacer una lectura de estas figuras y motivos escultóricos a la luz de la devolución y del trajín cultural de todos estos años.