Columna de Sebastián Gómez Matus: Repensar la santidad de la Semana Santa

Afortunadamente ha sido abrupto el cuestionamiento de la Iglesia Católica y su institucionalidad, los efectos culturales de sus símbolos y las prácticas de la misma. Ahora que se avecina una nueva Semana Santa, nuevas perspectivas se abren para pensar a la Iglesia y nuestras prácticas dizque secularizadas.

Por SEBASTIÁN GÓMEZ MATUS / Foto: ARCHIVO

Ayer apareció un artículo de Fernando Bermejo en el diario El País, de España, patria o matria con la cual nuestra relación es esencialmente clerical y hoy, como anverso, neoliberal y progresista. El artículo repara en el hecho de que la cristiandad conmemora la pasión y muerte de Cristo, dando cuenta inmediatamente del sadismo de sus preferencias. Dice: “Más allá de la inercia de la liturgia de la costumbre”, la idea es vindicar la imagen del sufrimiento. El cristianismo se trata del sufrimiento del otro, de la aceptación y exaltación del sufrimiento del otro. Del mártir. En palabras de León Bloy: la sangre de los pobres.

El artículo pretende rescatar a las otras dos personas que vivieron el suplicio: Dimas, el buen ladrón, y Gestas, el mal ladrón. Lo que señala es claro: hay vidas que importan más que otras. Eso es lo que hoy está en cuestionamiento, más o menos de manera general, aunque esa generalidad es engañosa. La misma polémica se vive hoy entre los feminismos a raíz de la clase social; la intersectorialidad es el concepto que comprime estas diferencias. Vemos, pues, que el problema es antiguo.

En la universidad tuve de profesor a Rodrigo Larraín Contador, que hacía Sociología de las Religiones. El ramo era básicamente Max Weber todo el año; el libro clave era “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”, un clásico de la formación sociológica.

Una mañana, después de volver de fumar marihuana en los patios de la Facultad que se había trasladado al Parque Almagro, esgrimió la tesis de que Latinoamérica era pobre porque era cristiana. Si hubiésemos vivido una Reforma como los suizos, otro gallo cantaría. Además, dijo, la pobreza es una institución. Hoy podríamos decir que es una empresa la que recibió los símbolos y los convirtió en planillas. En la pandemia hubo un revival cristiano con la solidaridad, palabra enquistada en el buenismo chileno que esconde lo peor de nuestra sociedad. El epítome de esta situación, claro está, es la Teletón.

Lo que Bermejo señala en su artículo ha sido profusa y profundamente tratado por el filósofo italiano Giorgio Agamben, a quien cierta parte del progresismo ha comenzado a detestar, sobre todo porque no lo han leído y pone el dedo allí donde ellos quieren ver ONGs.

En el libro “Opus Dei. Arqueología del oficio”, Agamben se da cuenta de que “el misterio de la liturgia” coincide con “el misterio de la efectualidad”. Esta identificación supone el punto de partida para una pesquisa de la conformación de lo que el filósofo denomina el paradigma de efectualidad, que ha modelado la manera en “que la modernidad pensó tanto su ontología como su ética, su política como su economía”. De allí que la secularización, sobre todo en países como el nuestro y en temas tan álgidos como el aborto, sea una entelequia. Recordemos que la etimología de liturgia es leitourgía, que significa servicio u obra pública. Todos los políticos y las políticas hablan de servicio social y vocación pública, lo que oculta un misterio que rezuma en todas las pantallas del mundo, en las noticias, en el espectáculo mundial que tienes como una llaga en la palma de tu mano.

Hace varios años me he dado cuenta de que hay muchas iglesias abandonadas o que al menos son predios que a merced de dos o tres clérigos y sus respectivas monjas, un jardinero mal pagado.

En Providencia hay muchas iglesias abandonadas, también en Santiago Centro; en ambas comunas hay mucha gente viviendo en la calle, pero mucha. La solidaridad sale a repartir café y marraquetas.

En otro de sus libros, “Profanaciones”, el mismo filósofo italiano señala que la idea de profanación se trata de restituir lo sagrado a las personas, al pueblo. Antigua discusión. En el fondo, lo sagrado es un nombre vicario de lo privado. La continuidad conceptual y práctica, la efectualidad paradigmática entre iglesia y empresariado es única, porque además, cuando los empresarios cometen un delito acusan una fe y devoción muy grande a través de los medios. Pero sobre ellos nunca se hace la voluntad de Dios ni hay una voluntad de justicia que los apremie.

¿Qué se celebra realmente en esta Semana Santa? Con el país en un estado misterioso de las cosas, aunque todo salta a la luz, pero nadie hace nada más que meterse a su Twitter o su Instagram para comentar una situación que es hija de un panorama mayor que escapa a la mirada, nuevamente aprovechamos el feriado para reunirnos en torno a qué.

Como decía Baudrillard: “Dios nos ha abandonado, pero nos ha dejado un juicio”. En resumen, el cristianismo es esencialmente misterio. Un misterio que salta a la vista: las vidas de ambos ladrones crucificados junto a Jesús de Nazaret no importan, menos el dolor que vivieron. Al contrario, tuvieron suerte de haber muerto junto a Jesús, nuestro salvador.

SEBASTIÁN GÓMEZ MATUS

Poeta y traductor. Ha publicado “Animal muerto” (Aparte, 2021) y “Po, la constitución borrada” (facsímil digital). Entre otros, ha traducido a John Berryman, Mary Ruefle, Zachary Schomburg y Chika Sagawa. Forma parte del colectivo artístico transdisciplinar Kraken.