Columna de Sergio Antonio Jerez: Cuando un amigo se va…

La triste noticia del fallecimiento de un veterano y querido periodista, Carlos Jimeno Silva, me dolió en el alma. Un tipo que destacaba por sus conocimientos de fútbol, por su disposición de ayudar siempre a quien fuera, por su valentía para decir las cosas por su nombre, pero, especialmente, por no fallarle nunca a un amigo en dificultades.

Por SERGIO ANTONIO JEREZ / Foto: ARCHIVO

Dicen que con los años uno se va poniendo cada vez más sensible y sentimental. Puede ser. Pero, en rigor, las noticias malas siempre van a golpearnos igual de fuerte, tengamos la edad que tengamos. Está bien, duele más cuando se trata de un amigo de muchos años –cuantos más, es más doloroso-, por las muchas vivencias que hay en la memoria.

Este domingo, golpeados por la tragedia de los incendios forestales y lo mal que lo está pasando mucha gente por ello, e indignados al saber que existe la convicción de haber sido provocados, nos termina por hacernos perder el equilibrio la triste noticia de la partida de un amigo del alma.

Se nos fue Carlos Jimeno Silva, Cajis, veterano periodista, el hombre de la “calle larga” por sus conocimientos de tantos y tantos futbolistas, algunos ni siquiera públicamente conocidos. Un tipo que sabía una enormidad de fútbol, con cursos de entrenador, con pasado de futbolista y hasta de gerente técnico en un par de equipos profesionales, siempre dispuesto a colaborar con iniciativas solidarias para ayudar a éste o aquel jugador, con miles de historias siempre ligadas a su pasión por el fútbol.

Pero lo que más destacaba a Carlos Jimeno era su invaluable calidad de amigo.

Cuando uno estaba en problemas, ahí estaba Cajis para llegar con su ayuda desinteresada. Y lo sé, porque en períodos de cesantía, siempre aparecía Carlos para darme una mano.

Con Manuel Pellegrini. Cajis era respetado por moros y cristianos.

Como periodista lo conocí cuando él estaba en Clarín, después coincidimos en La Tercera y fuimos vecinos cuando se fue con los fundadores a La Cuarta. Aportaba lo suyo en la radio Nuevo Mundo y era voz autorizada, en especial cuando se hablaba del fútbol de segunda división.

Vivimos muchas anécdotas, muchas. Algunas muy simpáticas, como cuando fue la despedida de Carlos Caszely, en un Estadio Nacional lleno. En el preliminar, periodistas contra artistas, conmigo en la banca de los profesionales de la noticia por mi calidad de entrenador, además. No podía faltar Carlos en ese equipo, pese a que entonces estaba excedido de peso, lo que el público captó de inmediato. Pero no iban ni cinco minutos cuando le llega a Carlos un balón aéreo y él lo baja con el pie derecho dejándolo quieto en el empeine. El “oooooooh” de la gente fue increíble. Una muestra de talento sin igual. Y luego, el aplauso cerrado.

Ese era Carlos Jimeno, genio y figura.

Otra. Trabajábamos ambos en un programa deportivo en La Red y el editor me pide que entreviste a Fernando Carvallo, por entonces el técnico de Universidad Católica. Un colega presente en la reunión comenzó a darme consejos e instrucciones de cómo debía hacer yo la entrevista. Me quedé mudo. Entonces salta Carlos y me dice: “Sergio, cómo se llama ese dirigente de la FIFA que entrevistaste para el Mundial de Italia?”. Ah, le respondí, ¿te refieres a Joao Havelange? “Ese, ese, justamente”, cerró Carlos. El colega no habló más durante la reunión. Y nunca más volvió a darme “instrucciones”.

Ese era Carlos Jimeno, genio y figura.

Juntos en un equipo de periodistas en un Santa Laura repleto. Jimeno es el segundo, abajo, de derecha a izquierda. El autor, el primero a la izquierda en la misma fila.

En mis tiempos en La Tercera me tocó organizar varios festivales para ayudar a ex futbolistas a salir de algún problema financiero. Recuerdo dos en especial: el primero para el ex delantero de Colo Colo Enrique Sorrel, a punto de perder su casa. El otro, Francisco “Chamaco” Valdés, con serias dificultades económicas.

Carlos se movió sin parar consiguiendo jugadores para esos dos eventos. Y nadie se negó. Ni siquiera Don Elías Figueroa, para mí el mejor futbolista chileno de toda la historia. Dos llenos en Santa Laura para cumplir el objetivo.

Ese era Carlos Jimeno, genio y figura.

Adiós, amigo. Mucha, pero mucha gente te va a extrañar. Y yo, particularmente, no dejaré de lamentarlo por el tiempo que me quede.