Columna de Sergio Gilbert: Claudio Bravo, los 40 años del número uno

Nada puede anticipar hasta dónde y hasta cuándo Claudio Bravo seguirá mostrando su seguridad de manos, su liderazgo indiscutible y su extraordinario juego con los pies. Él y las circunstancias los determinarán.

Por SERGIO GILBERT J. / Foto: ARCHIVO PHOTOSPORT

Claudio Bravo llegó a la edad donde seguramente comenzarán los cuestionamientos de fondo en su vida: los 40. Porque a pesar de que se sigue siendo joven para la mayoría de las cosas, ya se es veterano para jugar fútbol de alta competencia. A esa edad, en verdad, la mayoría de los jugadores no suman muchas ambiciones. Sólo extender lo que más se pueda la pasión y comenzar a construir un espacio en la historia.

Bravo, por cierto, aún no está en la etapa de la jubilación. De hecho. al llegar a las cuatro décadas, sigue siendo considerado un portero competente que puede ser requerido con tranquilidad por un equipo europeo de nivel medio como Real Betis y, por cierto, en la selección chilena para jugar partidos en una eliminatoria mundialista.

Pero claro, algunas cosas ya no son lo que fueron. Lo suyo ya no es la titularidad asegurada como acontecía hasta hace pocos años. Para él, ya no es llegar y exigir la camiseta por cuestión de pergaminos. Bravo sabe que no sólo debe seguir esforzándose para entrar entre los once a la cancha, sino que también que cada error que pueda cometer -aunque no sea decisivo y exclusivamente atribuible a él- será visto y analizado como un natural deterioro producto de los años.

Nada puede anticipar hasta dónde y hasta cuándo Claudio Bravo seguirá mostrando su seguridad de manos, su liderazgo indiscutible y su extraordinario juego con los pies. Él y las circunstancias los determinarán.

Pero sí hay algo seguro: la historia ya le abrió las puertas y lo puso en su lugar, que es el mejor arquero de la historia en el fútbol chileno.

Sí, el mejor. Por sobre Sergio Livingstone y Roberto Rojas, los dos que por mucho tiempo se quedaron con el galardón máximo de acuerdo a la visión de los expertos y de los hinchas.

No debería haber dudas. Y no sólo por una simple mirada a la cantidad de logros conseguidos tanto a nivel de clubes y de selección nacional, sino que también por la dimensión de ellos.

Pero no sólo es eso. Técnicamente Bravo desarrolló más y mejor que Livingstone y Rojas sus virtudes. Si bien estos dos pueden haber sido más “atajadores” bajo los tres palos o tubos, puesto que tenían impresionantes capacidades de reacción (reflejos), Bravo ha sido mucho mejor que ellos cortando centros, achicando, exhibiendo velocidad de piernas y complementándose con su defensa, al punto de convertirse en parte integral de las zagas. Uno más.

Claudio Bravo ha tenido la ventaja (o quizá el desafío), además, de haber exhibido sus condiciones en el alto nivel competitivo.

Sergio Livingstone y Roberto Rojas fueron extraordinarias figuras a nivel local y sudamericano. También hay un registro inmenso donde ambos se lucieron en encuentros amistosos ante rivales calificados. Incluso Rojas tuvo la posibilidad de jugar en un medio de alta competencia como Brasil. Pero Bravo rompió los límites y supo valorarse ante rivales superiores, en Europa, y, la mayor parte de las veces, en encuentros y torneos oficiales, por los puntos. Nunca le quedó grande la elite. Fue parte de ella.

Por cierto que más de alguno no estará de acuerdo con la sentencia, pese a la contundencia de los argumentos. Alguno recordará alguna actuación memorable de Livinsgstone y otro alguna atajada biónica de Rojas que determinará que los votos se vayan a ellos.

Respetable. Pero insuficiente. El número 1 es de Bravo.