Columna de Sergio Gilbert: Copa Libertadores, ¿y ahora qué?

En los últimos años, pocas escuadras nacionales lograron sortear la fase clasificatoria del torneo subcontinental, en algunos casos siendo eliminados por equipos sin tradición alguna.

Por SERGIO GILBERT J. / Foto: AGENCIAUNO

Palestino y Colo Colo, con una dosis fuerte de sufrimiento, timbraron esta semana su clasificación a la fase de grupos de la Copa Libertadores 2024, al superar a sus respectivos rivales paraguayos, Nacional y Sportivo Trinidense.

De esta forma, tricolores y albos se unen a Huachipato y Cobresal, estableciendo así una marca inédita: por primera vez en la historia de la Copa habrá cuatro elencos chilenos en la fase de grupos.

Es una marca para celebrar. Sin duda.

Y es que en los últimos años, pocas escuadras nacionales lograron sortear la fase clasificatoria de la Copa Libertadores, en algunos casos siendo eliminados por equipos sin tradición alguna, por lo que lo conseguido este año por las escuadras nacionales marca el quiebre de una historia plagada de decepciones. Ojalá se convierta en un hito.

Pero ahora viene la segunda parte del cuento. ¿A qué apuntan los equipos nacionales en esta Copa Libertadores? ¿Existe verdadera ansia de gloria deportiva o, simplemente, el objetivo ya está cumplido por llegar a esta instancia y cobrar el jugoso cheque que da la Conmebol (tres millones de dólares por jugar la fase de grupos)?

Sin duda que, a pesar de que se quiera mantener en alto siempre el objetivo de “dar todo y llegar lo más lejos posible”, es un hecho que ninguno de los equipos chilenos hoy -como tampoco los que han participado en la últimas décadas- puede demostrar con hechos que se estructuró con el objetivo real de competir.

Vamos viendo.

Huachipato, el campeón 2023, dejó ir a su entrenador (Gustavo Álvarez), a su arquero (Gabriel Castellón) y a uno de sus defensores titulares (Nicolás Ramírez) y hasta ahora, no ha logrado disimular esas ausencias. El cuadro acerero, con su nuevo DT (Javier Sanguinetti) no ha logrado cuajar un fondo de juego satisfactorio, lo que se ha reflejado en una tremenda irregularidad en el inicio de esta temporada.

Lo de Cobresal va por el mismo camino. Al equipo de Gustavo Huerta se le fueron jugadores clave como el zaguero Sebastián Silva, el volante Alejando Camargo y el delantero Cecilio Waterman, y pese a que uno siempre puede apostar a que el DT Huerta dará con la tecla para que el equipo funcione, él mismo ha reconocido que cuando le planteó a los dirigentes de Cobresal que requería de refuerzos de mayor peso para la Copa Libertadores estos le dijeron que, con lo que había “estamos para, mínimo, pasar a los octavos de final”. Ya.

El caso de Palestino tiene algunos tintes diferentes, pero en ningún caso amplían el optimismo.

El cuadro de colonia tiene funcionamiento (la mano técnica de “Vitamina” Sánchez se siente) y de alguna manera ha logrado disimular la partida de jugadores importantes como el volante Agustín Farías y el delantero Maxi Salas.

Pero no tiene recambio. Es un equipo al justo. En el enfrentamiento ante Nacional de Paraguay ello quedó expuesto. Tuvo que jugar con dos jóvenes en la defensa (Rojas y Toro) ante la lesión de los titulares. Y cuando el arquero Rigamonti acusó una lesión, su reemplazo eventual era un portero de 21 años que ni siquiera ha debutado en Primera División. Con ese recambio, es difícil pensar en competir a nivel internacional.

¿Y Colo Colo? Claro, pese a haber clasificado desde las fases primarias y haber sido tercero en el torneo pasado, es siempre el que tiene mayores responsabilidades. Por historia no sólo en la liga local, sino que en la propia Copa Libertadores (de hecho, tras ganar a Sportivo Trinidense, sumó su victoria número 100 en el torneo, quedando décimo en ese factor entre todos los equipos que alguna vez han participado en la Copa). Además, este año logró sumar un refuerzo top como Arturo Vidal y traer a su banca al DT del último subcampeón de la Libertadores. Todo eso suma para que los albos tengan responsabildades mayores.

Así y todo, este Colo Colo de Jorge Almirón no puede compararse con los equipos top de Brasil y Argentina. Puede lograr funcionamiento, incluso exhibir ciertos momentos de intensidad. Pero también cae en baches, no sostiene rendimientos en forma pareja. Puede ganar, pero la mayor parte de las veces con más sufrimiento que relajo. Además, carece de un goleador, de un “pepero”, de un atacante que resuelva partidos.

Y eso en la Copa se siente.

Por eso hay que poner todo en perspectiva a la hora de celebrar nuestro inédito grupo de coperos.