Columna de Sergio Gilbert: Copas internacionales, más que un desafío, un calvario

Hay evidencia dura de que pensar en ser campeón parece una quimera no sólo para los clubes chilenos, sino que para los de los otros siete países que componen la franja secundaria y terciaria de la Conmebol.

Por SERGIO GILBERT J. / Fotos: PHOTOSPORT

El alegato es constante y, ciertamente, tiene algo de razón: el fútbol chileno tiene menos cupos para las copas internacionales que se juegan en el subcontinente (Libertadores y Sudamericana) que las grandes potencias de la región (Brasil y Argentina). Y así, se hace difícil competir.

Claro, en rigor, la repartición no parece justa porque el solo hecho de tener menos equipos participando, hace más complicado que clubes que no sean brasileños o argentinos terminen alzando las copas año a año. Desde el punto de vista matemático-estadístico ya es una ecuación poco equitativa.

Pero también hay que considerar un aspecto al evaluar la aparente injusticia reglamentaria: ¿cuántos de los equipos chilenos que se clasifican a la Libertadores y la Sudamericana se preparan realmente para competir en ellas? En términos más simples: ¿existe en las escuadras nacionales la intención de alcanzar la gloria futbolera, aunque sea en condiciones aparentemente desequilibradas o, simplemente, la meta es obtener un pequeño galvano invisible y cobrar el cheque de la Conmebol por clasificar?

Complejo, pero así parece ser. Porque, en rigor, ningún club chileno se prepara para competir en estos torneos. Ninguno. Ni grandes ni chicos. La intención denunciada por todos es “llegar lo más lejos posible” o “pasar una o dos rondas” como anticipando desde ya que objetivos mayores no son difíciles, sino que derechamente imposibles de alcanzar.

Está bien. Hay evidencia dura de que pensar en ser campeón parece una quimera no sólo para los clubes chilenos, sino que para los de los otros siete países que componen la franja secundaria y terciaria de la Conmebol.

No hay recursos para pensar en equilibrar los presupuestos de los equipos top de Brasil y Argentina.

Pero de ahí a entregarse antes de entrar a la cancha, de escribir el epitafio antes de cavar la tumba, es penoso. Y, al fin y al cabo, justifica que se jibarice la participación de países sin ambición.

No es exagerado decir que muchos equipos, de verdad, ven sus participaciones a nivel internacional como una carga más que como una posibilidad de alcanzar la gloria. Un calvario al que se va caminando sumido en desesperación.

Esta semana fue el entrenador de Audax Italiano, Manuel Fernández, el que dio muestras más que evidentes de esta realidad.

Antes del debut audino en la fase de grupos de la Copa Sudamericana contra Newell’s Old Boys, el estratega argentino que se considera “seguidor de Guardiola”, dijo textualmente: “Hay que ser inteligentes y asumir cuál es nuestro objetivo, que es claramente el Torneo Nacional. Aprovechar esta competencia internacional para ir a competir y que eso nos otorgue una madurez y un crecimiento que nos potencie en el plano local. Eso puede ser una ventaja importante para crecer en el plano local”. ¿Alguna ilusión o sueño de gloria en la Copa? Para nada. Boberías. Y así nomás le fue a Audax ante los rosarinos: perdió en el último minuto de los descuentos por una desconcentración colectiva.

Pero, en verdad, no importa. Nadie esperaba mucho más de los itálicos, de acuerdo a las profundas reflexiones del DT Fernández. Con jugar, la tarea está cumplida.

Espantoso. El fútbol chileno está en un subterráneo competitivo a nivel internacional y en lugar de pensar en salir del foso, la idea parece que es arroparse más y más en el lado oscuro.

No nos quejemos entonces cuando nos toque seguir apuntando los fracasos de los equipos chilenos.

Al final, tienen razón. Que jueguen y ganen los buenos nomás…