Columna de Sergio Gilbert: Don Clark y su pandilla

La concesionaria encabezada por un ejecutivo en comisión de servicio de la empresa que tiene la propiedad mayoritaria, se ha convertido en la expresión más denigrante de la filosofía que impulsó la transformación de los clubes en sociedades anónimas.

Por SERGIO GILBERT J. / Foto: ARCHIVO

Azul Azul ha demostrado, en todos los años de gestión del club Universidad de Chile desde 2007, su alto grado de ineficacia para llevar adelante la gestión de uno de los clubes más importantes del país.

La concesionaria ha pasado por todas las etapas posibles, ha apostado por diversas maneras de conseguir algo de estabilidad deportiva y le ha atinado muy poco. Sólo puede valorarse como gran acierto el período encabezado por Federico Valdés, quien logró conciliar dos aspectos que nunca más se han dado en la historia de la U: rendimiento deportivo y buena administración.

Ni antes ni después de ese período. que es el mejor de Universidad de Chile desde que se incorporó al fútbol profesional (sí, mejor que la épica del llamado Ballet Azul), la institución ha estado a la altura de los grandes retos que dice querer enfrentar.

Lo que hoy se vive desde que tomó las riendas de Azul Azul el Grupo Sartor ya roza con lo patético.

La concesionaria encabezada por un ejecutivo en comisión de servicio de la empresa que tiene la propiedad mayoritaria -Michael Clark- se ha convertido en la expresión más denigrante de la filosofía que impulsó la transformación de los clubes en sociedades anónimas al convertir a la U en una máquina que sólo tiene como objetivo sacar ganancias de lo invertido.

Esta Universidad de Chile liderada por Clark es el paradigma de la peor cara del ejercicio empresarial.

Amparado por la ley, Azul Azul, de partida, ha ocultado la lista de nombres de los verdaderos dueños de la concesionaria, creando así la explicable sensación de que algo se quiere ocultar.

El secretismo, obviamente, despierta siempre idea de que hay cosas oscuras (en este caso, relación indebida con representantes de jugadores) y por cierto predispone y aleja a los que, sinceramente, quieren lo mejor para su club.

No es todo. Hay otros pecados que no pueden soslayarse.

Clark y su tropa representan y quieren imponer un solo principio político-económico en una institución que lleva el nombre de la casa de estudios que es, por definición, la más diversa y pluralista que ha existido en Chile. “En el fútbol a uno lo valoran por lo que obtiene y no por lo que es”, dijo Clark al justificar la salida del DT Mauricio Pellegrino, dejando claro así sus propios “valores” y “principios” para calificar a una persona.

Por todo ello, Azul Azul hoy es despreciado por la mayoría de los hinchas que ven que el club que aman se ha convertido en una moledora de carne, en un cuerpo inerte, en una institución que no se diferencia mucho de las empresas faenadoras de pollo.

Pero a la pandilla de Clark eso le importa nada.

Si no tienen cariño, si no han generado lazos, hasta el amor se puede comprar en el mercado. Y el anunciado acuerdo para el retorno del jugador Marcelo Díaz es eso, precisamente. Una transacción comercial que tiene como objetivo tener un poco de afecto, de cariño de los clientes.

Qué pobredumbre. Qué triste para la U llegar a eso.