Columna de Sergio Gilbert: El debate eterno

Es difícil pensar que el paso de Francis Cagigao dejará algo para el futuro. Salvo que en algunos años más veamos frutos concretos de ideas que nunca conocimos.

Por SERGIO GILBERT J. / Foto: ARCHIVO

Francis Cagigao anunció en forma intempestiva, silenciosa y casi a nivel secreto (como fue toda su gestión) su renuncia al cargo de director deportivo de Selecciones Nacionales. Y la Federación de Fútbol de Chile, casi de inmediato, anunció el nombre, no de un reemplazante, sino que de otro cargo: el chileno Rodrigo Robles, quien se desempeñó hace algunos años como gerente de Ligas Profesionales de la ANFP (2019-2020), asumirá como gerente de Selecciones Nacionales.

El cambio de uno por otro, por cierto, más que certezas, ahonda y genera las dudas sobre un debate que parece eterno e insoluble en el fútbol chileno: ¿Qué se espera de quienes tienen estos cargos? Dicho de otra de otra forma: ¿Se requiere de un entrenador o de un administrativo a la cabeza de la estructura técnica de las selecciones?

Difícil decirlo. Pero de acuerdo a la experiencia última pareciera que sale más a cuenta tener a un gestor que a un supuesto experto en cuestiones técnicas.

Y es que las huellas del trabajo realizado por Cagigao en Chile aún no están claras. Durante su gestión, no hubo un despliegue revolucionario ni menos inédito de una planificación que remeciera las bases del trabajo en todas las categorías del fútbol chileno. De hecho, ni siquiera hubo propuestas que pudiesen generar adhesiones o contradicciones (menos un debate amplio). Tampoco se conocieron ideas sobre cuáles podrían ser los modelos indicados para los trabajos y torneos de las divisiones menores. Menos hubo algún tipo de éxito competitivo. El inglés-español sólo encabezó (si podemos así decirlo) una larga lista de fracasos de las selecciones nacionales a nivel internacional, incluyendo, por cierto, la eliminación en la ruta al Mundial de Qatar.

Por ello es difícil pensar que el paso de Francis Cagigao dejará algo para el futuro. Salvo que en algunos años más veamos frutos concretos de ideas que nunca conocimos, lo más probable es que su estadía en el fútbol chileno sea recordada más por su mediática pelea con un periodista que por alguna propuesta importante.

Por ello pareciera que en la Federación no existe mayor inquietud sobre el futuro del cargo. Al menos con el perfil que supuestamente se quiso imponer con la contratación del ex scouting de Arsenal.

Y es que el elegido tras la partida de Cagigao es alguien muy distinto al de aquel. Tanto que se nombró no a un director deportivo sino que a un gerente deportivo. Y aunque a algunos les parezca que sólo es un cambio de nombre, en realidad se trata de una transformación de visión.

No se trata de denostar a priori la elección de Rodrigo Robles, quien mostró eficiencia en su rol de gerente de Ligas Profesionales cuando estuvo en la ANFP y también en Audax Italiano, en DC United, O’Higgins y en la Conmebol, donde ha trabajado en los últimos años. Pero en todas esas funciones, el rol de Robles fue eminentemente administrativo y no técnico. Por tanto, es ilógico pensar que Robles estará instalado en su oficina de Quilín ideando propuestas o analizando modelos de desarrollos que impliquen cambios profundos en las formas de trabajo técnico del fútbol chileno.

Se dice que Rodrigo Robles, en definitiva, tendrá como función realizar un ordenamiento del sistema y de la gestión en la labor de las selecciones nacionales. Incluso, que participará activamente en la búsqueda de un reemplazante cabal del irrelevante Francis Cagigao.

Puede ser. Pero convengamos que las prioridades nuevamente cambiaron en la Federación. Como siempre, dar palos de ciego es la especialidad de la casa.