Columna de Sergio Gilbert: El duro despertar post Panamericanos

No se habían apagado aún las luces de la fiesta panamericana que vivimos en Santiago 2023 y de la cual nos sentimos orgullosos, cuando se produjeron tres situaciones impresentables y que demuestran que no aprendimos nada en los últimos días.

Por SERGIO GILBERT J. / Foto: ARCHIVO

No hay caso. Por mucho que nos esforcemos por dar la idea de que somos distintos al resto, que tenemos sentimientos puros y que la solidaridad nos mueve como motor permanente, a cada rato en este país terminamos mostrando la hilacha.

Porque en realidad, somos iguales (y a veces peor) que aquellos a los cuales nos encanta denostar. Porque no somos capaces de mantener la línea de la decencia y del buen tono. Al final, siempre como sociedad terminamos mostrando a contraluz lo que somos realmente.

Mire usted y juzgue.

No se habían apagado aún las luces de la fiesta panamericana que vivimos en Santiago 2023 -donde todos quedamos orgullosos de haber sacado adelante una empresa que se veía difícil y que parecía que nos había quedado como poncho- y estalló el escándalo del atletismo donde nos enteramos que, por cuestiones clasistas, racistas y de influencias mal habidas, dos corredoras fueron humilladas y despojadas de sus legítimos derechos de correr la posta 4×400 femenina en los Panamericanos sólo por ser de colegios con número o morenas. No es todo. Fueron reemplazadas por competidoras de menos nivel técnico y en uno de los casos, por la hija de una influyente y veterana ex atleta Leslie Cooper, quien además fue, en su tiempo, entusiasta colaboradora de la dictadura de Pinochet en el despreciable cargo de jefa de Dinacos, el organismo que censuraba medios de comunicación y amenazaba a periodistas.

También el violento despertar post-panamericano, tuvo un capítulo sórdido con el intento de femicidio del jugador de Colo Colo Jhordy Thompson en contra de su pareja.

El bestial acto de Thompson -quien ya tenía antecedentes de violencia en contra de su polola- puede costarle hasta 15 años de cárcel al futbolista. Pero lo sorprendente del caso es que más que preocuparse de por qué se dio este hecho o cómo debe actuarse de ahora en adelante en nuestra sociedad para que este tipo de delitos no vuelvan a producirse, gran parte de la prensa y de los políticos está preocupado en que el club al cual pertenece Thompson -Colo Colo- le rescinda contrato y haga un acto público de autoflagelación reconociendo que fue poco menos que el causante del delito cometido por Thompson.

¿Es realmente eso lo más importante del caso? ¿En serio es lo esencial que discutamos como sociedad en un acto delictual como el de Thompson? ¿No es más trascendente buscar las razones por los cuales se llega a un caso como éste o discutir sobre qué se debe hacer socialmente para impedir nuevos delitos en sectores vulnerables como es el que conoció Thompson en su vida? ¿A nadie le interesa el proceso de reparación emocional de la víctima o el de la difícil reinserción social futura de Thompson?

No. Lo que importa es que Colo Colo le rescinda contrato…

No es todo.

Un par de horas después del partido jugado el lunes entre la U y Everton en Santa Laura (y que ganaron los de la Quinta Región por 2-1), y a la altura del túnel Zapata, un grupo de delincuentes que se dirigía de regreso del partido a Viña del Mar -y que portaban indumentaria de Universidad de Chile- asaltó y robó la camioneta que llevaba toda la utilería de Everton.

Increíble pero cierto.

La alegría y el orgullo panamericano no nos duró nada. La resaca de la fiesta fue demasiado dura.

Está claro. No sabemos celebrar.