Columna de Sergio Gilbert: ¿El peor de todos?

Las emocionantes definiciones por el título y por el descenso han hecho que mucha gente esté pendiente de los partidos donde se juega lo uno y lo otro.

Por SERGIO GILBERT J. / Foto: ARCHIVO

Al terminar el Torneo Nacional 2023, la sentencia de varios “expertos” y “doctores honoris causa” del fútbol es drástica, definitiva y hasta indiscutible: es el peor campeonato de la historia.

Hay mucho de cinismo en esta declaración. Ya de ganas de erigirse como genio y conocedor absoluto. Claro, como si los que dijeran estos con tanta soltura de cuerpo hubiesen visto en sus cabales todos los torneos realizados en Chile desde 1933 (hito que se pone porque fue ese año el que se inició el profesionalismo en el balompié nacional).

Es claro que el torneo, en general, no fue brillante. Que comparativamente a otros que se vienen rápidamente a la mente de cada uno (el de 1983, por ejemplo) es de muy bajo tono. Pero de ahí a decir que es el peor de todos los tiempos es un acto de soberbia y también de ignorancia evaluativa, porque es obvio que las circunstancias son distintas de acuerdo a los tiempos a los cuales uno se refiere.

En los albores de los torneos nacionales, los partidos mostraban jugadores con técnica rica, pero la gran mayoría carecía de fundamentos mínimos. Muchos jugaban simplemente porque les gustaba y por eso es que, incluso, había varios jugadores que físicamente no tenían la impronta de un deportista profesional. Los partidos eran emocionantes porque había más errores y los que tenían un poco de técnica se lucían. El hincha era menos exigente también. Pero nada de eso implica que los torneos chilenos fueran una maravilla.

Con el correr de los años, hubo otros factores que incidieron que muchos se quedaran con la idea de que los campeonatos eran más atractivos.

Y es que hubo equipos que marcaron época como la Universidad Católica que ganó el título de 1949, la Universidad de Chile que dominó la década sesentera, el Colo Colo de Platko (1941), el de Álamos (1972), el de Jozic (1990-91) o el Borghi (2006-2007), la Unión Española de Santibáñez (1975-1977) o el Cobreloa de Cantatore (1981-1982). Y pareció que esos torneos fueron buenísimos cuando, en verdad, la mayoría fue una exhibición de aquellos que ganaron el título. La memoria algunas veces hace trampas…

Sí, estamos de acuerdo. El campeonato de Primera División de este año tuvo malos arbitrajes (horribles en algunos casos), partidos fomes y no tuvo figuras excluyentes y maravillosas.

Además, por obra y gracia de los dirigentes, fue suspendido varias veces, lo que evitó al hincha adherirse emocionalmente a la competencia.

La violencia y lo absurdo de los precios por asistir a un partido también fueron factores en contra.

Pero vamos, el torneo 2023 sí tuvo algunas cositas para resaltar.

Por primera vez en varios años, los mejores equipos del torneo (Cobresal y Huachipato) fundaron sus respectivos poderíos no en la inspiración individual, sino que el buen funcionamiento colectivo trabajado por sus respectivos entrenadores (Gustavo Huerta y Gustavo Álvarez).

No es todo.

Por mucho que no hubo estrellas, sí hubo jugadores jóvenes que se consolidaron como Alexander Aravena (UC), Vicente Pizarro (Colo Colo), Felipe Loyola (Huachipato), César Pérez (Unión La Calera), Jonathan Villagra (Unión Española), entre otros.

Las emocionantes definiciones por el título y por el descenso tampoco hay que desecharlas. Han hecho que mucha gente esté pendiente de los partidos donde se juega lo uno y lo otro.

Sí, estamos de acuerdo. El campeonato 2023 no ha sido para volvernos locos ni para tirar fuegos artificiales.

Además, como ni Colo Colo, ni la U, ni la UC serán campeón, es fácil decir que “ganará el menos malo” (como si en otras ocasiones estos mismos fueron campeones por esa razón).

Pero no da para sentenciarlo como el peor de todos.

Al menos con tanto nivel de autoridad.