Columna de Sergio Gilbert: Estimados clientes…

En las juntas de accionistas de Blanco y Negro y Azul Azul no hubo grandes sorpresas.

Por SERGIO GILBERT J. / Foto: ARCHIVO PHOTOSPORT

Esta semana, tal como impone la Ley de Sociedades Anónimas, Blanco y Negro y Azul Azul, que tienen la concesión para administrar los clubes Colo Colo y Universidad de Chile, realizaron sus respectivas juntas de accionistas anuales. En ambas, además, debido a renuncias que tuvieron que ver con movimientos políticos internos, se realizaron votaciones para el cambio de integrantes de la mesa directiva que representa a los accionistas mayoritarios.

No hubo grandes sorpresas en ninguno y otro proceso. Derechamente, si alguien pensó que podría modificarse algún rumbo o profundizar en grandes proyectos en beneficio de los clubes más populares del país, pecó de ingenuo.

Vamos viendo.

En Blanco y Negro, pese a que se pensaba que podría haber cambio en la presidencia, fue ratificado en su cargo Alfredo Stöhwing, representante de LarrainVial, quien el año pasado asumió en forma sorpresiva luego de la renuncia de Edmundo Valladares, presidente en ese entonces del Club Social y Deportivo Colo Colo.

La gran “sorpresa” fue que el accionista individual mayoritario, Aníbal Mosa, ni siquiera intentó arrebatarle la presidencia a LarrainVial. ¿Gesto de grandeza por la unidad? Nada que ver. Pese a que uno de sus “brazos derechos”, Eduardo Loyola (quien reemplazó al ex subsecretario del Trabajo del gobierno de Sebastián Piñera, Fernando Arab en el directorio) aseguró que fueron “puras especulaciones de la prensa “eso de que Mosa quería volver a la testera”, lo cierto parece ser que el empresario desistió de su intento luego de que el Club Social anunciara que sus dos votos irían en favor de Stöhwing (en una movida que aún no tiene gran justificación más allá de evitar la asunción de Mosa).

Aparte de este entuerto electoralista, en la junta de accionistas no hubo nada para ensalzar. Al contrario. El directorio fue cuestionado derechamente por algunos socios en varios temas (seguridad en el estadio, dinero generado por la venta de jugadores y contratos con auspiciadores, devolución de importe a los abonados por no poder asistir al Monumental por los castigos de jugar sin público) pero nunca hubo respuestas sólidas. Sólo evasivas o la siempre salvadora frase, “pasando a otro tema…”.

Lo único que Alfredo Stöhwing “prometió” fue “trabajar por remodelar el Monumental para el centenario del club (que será en 2025). Pero no dio ideas ni menos plazos para ir avanzando en el tema.

En Azul Azul, en tanto, no fue diferente. En la concesionaria que administra la U, aparte de mostrar dos nuevos integrantes en la directiva -José Ramón Correa (ex abogado de la familia de Augusto Pinochet), y Paola Davanzo (profesora de Educación Física e hija del ex jugador de la U, Raúl Davanzo, campeón en 1940), Michael Clark, el presidente, sólo se autofelicitó por lo que ha realizado en sus dos años de gestión. “Lo digo con harta humildad, creo que nosotros en este tiempo hemos rehecho a este club, bastante de cero, desde un punto de vista financiero, desde quién toma las decisiones, de quién lo administra, del interés que se la da al fútbol joven” dijo el ingeniero comercial.

¿Y el estadio de la U? Como siempre, palabras al viento. Cero compromiso. Clark sólo dijo que “la U necesita infraestructura propia de nivel. El no tenerlo da ventajas deportivas y financieras, hay un tema logístico de día a día que no es sencillo. Uno debe pensar que en un club como éste tiene que ser el norte siempre”, declaró el reelegido presidente de Azul Azul.

Una pastillita para calmar los nervios y evitar los cuestionamientos de los pequeños accionistas e hinchas de la U.

Pero qué importa. Como también pasa en la otra vereda, son sólo clientes a lo que siempre es fácil pasarlos por el aro…