Columna de Sergio Gilbert: Formando opiniones

Los medios que han ido creyendo cada con mayor fuerza que lo que las audiencias quieren o necesitan es un concierto inaudible de voces desperdigadas que tratan de imponerse unas sobre otras alegando ser, cada una de ellas, la verdad absoluta.

Por SERGIO GILBERT J. / Foto: ARCHIVO

El fenómeno se ha ido dando paulatina pero sostenidamente en Chile: los medios nacionales de todo tipo han optado por copar sus espacios deportivos de opinión con ex jugadores o ex entrenadores (aunque muchos insistan que lo siguen siendo) rebajando o cuasi eliminando a los periodistas de la posibilidad de participación. O sólo dejándolos para hacer de “bandeja” de aquellos.

¿Acaso es malo que ello ocurra? ¿No son los que han estado en una cancha los mejores exponentes para hablar de la actividad?

No, por cierto, que no es malo. Claro que es bueno que aquellos tengan la posibilidad no sólo de dar opiniones, sino que también de enseñar y dar luces sobre cuestiones técnicas. Es tan necesario como que un ingeniero comercial hable en los espacios o secciones de Economía o que un cineasta escriba o haga una alocución en los segmentos de Cultura. Los medios de comunicación son y deben ser espacios de diversidad y no puede negar accesos a alguien simplemente por no ser periodista o no haber estudiado una carrera afín.

En eso debemos estar claros, así que bienvenidos ex futbolistas y entrenadores a la hora de hablar de lo que ha sido o es su profesión. Todo suma.

Lo que no es deseable es que este acceso sea único y que no admita la entrada o permanencia de los periodistas. Y la razón no es sólo del tipo de derecho laboral, sino que, esencialmente, del tipo de conocimiento de objetivos del trabajo de los medios.

Y es que los periodistas saben algo que los ex futbolistas y entrenadores no saben ni parece importarles saber: el rol que deben cumplir los medios de comunicación en la sociedad.

Contrariamente a lo que piensa la mayoría, los medios y los periodistas no sólo tienen el rol de “informar” sino que también de “interpretar” y de “opinar”.

¿Por qué? Porque la misión periodística tiene como objetivo central entregar a las audiencias todas las herramientas para que cada individuo se forme su propia opinión y pueda, con ella, relacionarse con el resto de sus pares.

El tema parece complejo, pero se puede explicar con cierta simpleza con un ejemplo: Cuando la selección de Chile es eliminada del Mundial no basta con decir el resultado del partido. Los medios deben explicar las razones aparentes o profundas que derivaron en el hecho (que es lo mismo que interpretar los hechos) y opinar entregando argumentos que son elegidos de manera libre y subjetiva para que quien lea, escuche o vea tome o deseche (es libre de hacer una u otra cosa) tales argumentos en su proceso de formación opinante. Si se completa este circuito, podemos decir que el medio ha cumplido con su misión.

Todo este proceso comunicacional dista mucho de lo que un ex futbolista o un entrenador hace. La mayoría de ellos no sólo se salta las primeras dos fases de comunicación (informar y explicar), simplemente porque no está entrenado ni formado para hacerlo (o sea lo puede hacer, pero mal). Y cuando se aboca a opinar, en general no lo hace pensando que sus argumentos puedan ser desechados, sino que busca que ellos se impongan casi como una verdad por el simple hecho de ser “experto”.

Claro, la culpa o responsabilidad de este deficiente manejo comunicacional no es de ellos, sino que de los propios medios que han ido creyendo cada con mayor fuerza (y porque el modelo se ha importado) que lo que las audiencias quieren o necesitan es un concierto inaudible de voces desperdigadas que tratan de imponerse unas sobre otras alegando ser, cada una de ellas, la verdad absoluta. Total, no importa mucho eso de formar opiniones.

Puede ser que estén en lo cierto. Los que piensan así saben de algunas cosas. Pero convengamos que no de periodismo ni del rol de los medios.