Columna de Sergio Gilbert: Fútbol chileno, nunca tan inocentes

Este deporte está lejos de ser un modelo de virtudes en nuestro país, lo que sí es extraño es que nos espantemos cada vez que un reportaje periodístico transparenta la realidad.

Por SERGIO GILBERT J. / Foto: ARCHIVO

Un nuevo reportaje periodístico, esta vez del programa televisivo Informe Especial de TVN, vino a recordarnos una verdad que todos sabemos pero que nos cuesta asumir: que el fútbol chileno está lejos de ser incorrupto.

Está claro que la historia no tendría porqué llevarnos a la conclusión de que la actividad carece de inocencias. Los ejemplos en contrario abundan.

Es cosa de hacer un poco de memoria.

En los años 70 del siglo pasado, en pleno auge del sistema de apuestas conocido como Polla Gol, un grupo de árbitros liderado por el mismísimo profesor de los jueces, se coludió para ganar el millonario pozo que en ese tiempo se entregaba. Una amenaza de suicidio de uno de los involucrados al director del diario La Tercera de ese entonces, hizo al matutino desistir de su intención de publicar la historia con lujo de detalles.

No fue lo único que pasó en plena época de la Dictadura.

La Universidad de Chile era dueña del extenso y valioso paño que hoy ocupa el mall Parque Arauco. La idea de la casa de estudios era que en dicho lugar se erigiera el estadio del club de fútbol profesional. Pero surgió la Corfuch, llegaron a liderarla tipos ligados al régimen cívico-militar -Rolando Molina y Ambrosio Rodríguez- y de un momento a otro el terreno fue vendido. La U se quedó sin estadio, nadie sabe dónde fueron a parar los dólares recibidos y el tema de enterró para siempre.

Al final de la Dictadura vino el más grave de los casos. El Cóndor Rojas se corta con un bisturí a vista y paciencia del mundo y pone al fútbol chileno como el más tramposo de la historia.

Los años fueron borrando el bochorno y hoy el ex arquero de la selección cada cierto tiempo da declaraciones de lo humano y lo divino. Lo suyo ya pasó. Qué importa haber sido tramposo.

Y no se crea que en período de democracia el fútbol chileno ha estado incólume.

Varios dirigentes de la antigua guardia le pusieron ruedas a sus clubes y se los llevaron a sus casas. Y los nuevos actores, los empresarios con sus sociedades anónimas, no lo han hecho mejor: prefieren ganar o, al menos, no perder plata, antes de invertir por un mejor producto. Y si pueden, hacen negocios con los representantes que se las saben por libro.

Por eso ahora que se nos diga que en los últimos años ha habido arreglo de arbitrajes e intentos de sobornos, no nos debe sorprender mucho.

El fútbol chileno está lejos de ser un modelo de virtudes.

Lo que sí es extraño es que nos espantemos cada vez que un reportaje periodístico transparenta la realidad.

Hay que ser bien caradura para creer que se trata de un par de hechos aislados. O de circunstancias muy específicas.

No señor.

Mientras más plata hay, mientras más se mercantiliza la actividad, más corrupción y malas artes hay.

No seamos inocentes.