Columna de Sergio Gilbert: Hasta la mejor del mundo tiene que cumplir las normas

Desde que la selección femenina viene mostrando un evidente signo de decadencia competitiva, Tiare Endler ha alzado su voz pública no para llamar a la calma, sino que para denostar a quien considera hoy parte esencial -y casi única- del problema: su entrenador.

Por SERGIO GILBERT J. / Foto: ARCHIVO PHOTOSPORT

Qué duda cabe que Christiane Endler es ya una de las deportistas más destacadas que ha dado Chile en su historia.

Como pocos en este país, Tiare se ha erigido y mantenido como la mejor portera de fútbol femenino del mundo y tiene posibilidades ciertas de mantenerse en ese nivel por un buen tiempo. Es un orgullo nacional.

No sólo eso.

Endler ha sabido construir un liderazgo importante que se ha reflejado en una evidente influencia en la formación de la mejor generación de la Roja femenina adulta que se dio el lujo, en los últimos años de clasificar a un Mundial y a unos Juegos Olímpicos.

El nombre de Tiare, por tanto, no lo borrará el tiempo. Seguro que lo agrandará.

Pero claro, como se dice habitualmente, el poder siempre conlleva responsabilidades.

Quien tiene -o se ha ganado- el título y la impronta de líder, debe saber que éste debe ser bien utilizado para evitar uno de los más comunes vicios de quien se viste con ese traje: pensar que es infalible y que puede saltarse las reglas.

Y Christiane Endler ha caído en ese vicio.

Desde hace un tiempo, en especial desde que la selección nacional ha vivido su doloroso y evidente signo de decadencia competitiva, Tiare ha alzado su voz pública no para llamar a la calma, no para pedir apoyos y fortalecer la unión del grupo sino que, casi exclusivamente, para denostar a quien considera hoy parte esencial -y casi única- del problema: su entrenador José Letelier.

No, no es que Endler no pueda tener una posición crítica. De hecho, es bueno saber que una deportista de su nivel tiene opinión y no tiene problemas en expresarla. Pero hay que saber cómo y dónde hacerlo. Hay reglas, códigos y, esencialmente, formas en las cuales todas y todos deben ceñirse. Incluso Tiare.

Nadie, fuera de la selección, sabe a ciencia cierta cómo se han dado las relaciones internas. Hay rumores, trascendidos, pero la verdad hasta ahora no ha salido a la luz porque el proceso aún no acaba.

Pero Endler se ha aprovechado del momento bajo, de la decepción, de la crisis, para indicar a quién hay que fustigar y hasta sacrificar.

No es lo peor.

Amparada por su trayectoria, por el cariño extremo bien conseguido y una prensa entregada que más parece parte de la hinchada que un bastión de la verdad crítica, Christiane Endler ha utilizado los momentos de exposición pública para llevar el agua a su molino, incendiar la pradera y dejar claramente expuesto a quien ella considera el factor de los males actuales.

No, eso no se hace. Nadie debe hacerlo.

Si Arturo Vidal o Gary Medel o Claudio Bravo salen mañana diciendo que el problema de la Roja es que “tácticamente hay errores” igual estaría mal y sería también criticado.

Lo mismo si Garín comenta que pierde porque Massú se equivocó en la elección de la cancha para entrenar o jugar.

Eso no se hace. Se puede y se debe hablar. Claro que sí. Pero sin sacar ventajas pequeñas ni aprovechando situaciones.

Endler ha ganado todo. Pero debe seguir aprendiendo…