Columna de Sergio Gilbert: La Roja ahora deberá elegir sus batallas

Algo que parece de Perogrullo, Chile debe ganarles a sus rivales directos, y si es de local, casi por obligación, e intentar obtener puntos frente a ellos en condición de visita.

Por SERGIO GILBERT J. / Foto: ARCHIVO

El inicio de las eliminatorias sudamericanas al Mundial 2026 que se desarrollará en Canadá, México y Estados Unidos, pilla a la selección chilena en un mal momento. O al menos, peor que en los últimos procesos cuando se apostaba que La Roja tenía posibilidades ciertas de clasificar a la fase final de la Copa del Mundo. Eso no era un sueño, sino que casi una exigencia tras vivir un período de verdadero ensueño con la llamada generación dorada.

Hoy no es así. Chile es un equipo del montón, o mejor dicho, de escasa relevancia que en la teoría deberá superar sus propias limitaciones si quiere luchar hasta el final por obtener uno de los seis cupos y medio que entrega la FIFA para integrar la lista de 48 selecciones que jugarán el próximo Mundial.

No se trata de pesimismo enervado. Sólo de la constatación de una realidad. La Roja ha venido en caída libre en los últimos años por muchas razones, pero las principales es que no logró generar un recambio de individualidades de cierto nivel ni pudo encontrar manos técnicas que, al menos, construyeran una propuesta colectiva que disimulara esa carencia. Pizzi, Rueda y Lasarte no pudieron o no tuvieron la capacidad de encontrar un sello sólido que cristalizara en los equipos que les tocó dirigir.

Por ello es que ahora, cuando ya se entra en la etapa plenamente competitiva, hay que evaluar y proyectar de acuerdo a la realidad existente y no sobre la base de ideales ni utopías. El tiempo de las vacas gordas se fue hace rato.

Hay que ponerse en el lugar que corresponde. En el tiempo y el espacio que se vive lo que impone algunas realidades.

La primera de ellas es que Chile debe privilegiar el resultado por sobre los idearios. Contrariamente a lo que gran parte del medio “exige” -y que tiene que ver con obsesiones más que con reflexiones- no se debe esperar que la Roja juegue siempre igual, en cualquier circunstancia o frente al rival que sea. No. Chile debe presentar esquemas, fórmulas, tácticas distintas en relación al objetivo específico, porque no es lo mismo jugar con Bolivia en Santiago que con Argentina en Buenos Aires. Como diría George Orwell, los puntos son iguales, pero hay puntos más iguales que otros. Por tanto, el DT Eduardo Berizzo deberá cambiar, trasformar e, incluso, desarmar sus oncenas de un partido a otro, porque eso es lo lógico, lo deseable. Lo inteligente, en definitiva.

En segundo término, Chile debe entender que es fundamental hacerse fuerte como local. Es clave que la Roja se convierta en un anfitrión de temer, ya sea jugando en el Nacional, en el Monumental, en el Ester Roa o en el Municipal de Calama. Tal fue la gran fortaleza que tuvieron las selecciones de Santibáñez, Acosta, Bielsa y Sampaoli, que fueron las últimas en clasificarse a un Mundial.

Por último, y algo que parece de Perogrullo, Chile debe ganarles a sus rivales directos, y si es de local, casi por obligación, e intentar obtener puntos frente a ellos en condición de visita. O sea, La Roja debe elegir sus batallas, porque no servirá de nada empatarle a Brasil en forma heroica como visita si el equipo de Berizzo no es capaz de vencer a Venezuela o Perú en Chile.

Cierto. Aunque parezca poquito y propio de un equipo chico, la forma de Chile de llegar al Mundial es el cálculo, la sapiencia, el análisis fino y no la brillantez o el alto estilo. La matemática por sobre el arte.

No queda otra. No estamos para regodearnos.