Columna de Sergio Gilbert: La verdadera definición de competencia

Competir no es sinónimo de alcanzar circunstancialmente logros. La verdadera definición es la de lograr niveles tales que permitan igualar o superar rivales que incluso pueden ser vistos como superiores.

Por SERGIO GILBERT J. / Foto: AGENCIAS

La Copa Libertadores 2023 tiene ya entre sus cuarto finalistas a dos equipos que se constituyen en una especie de sorpresa del torneo. Bolívar (Bolivia), que superó por lanzamientos penales a Atlético Paranaense (Brasil), y Deportivo Pereira (Colombia) que se impuso a Independiente del Valle (Ecuador).

Bolivianos y colombianos se anotan entonces como escuadras que, superando todas las apuestas iniciales, están en el grupo de los 16 mejores equipos del torneo más importante y tradicional de Sudamérica.

Por cierto que esta meritoria clasificación de ambos, puso de inmediato en Chile el tema de la “competividad” -más bien, de la falta de ella- de las escuadras nacionales, como un efecto facilista de comparación. Si ellos que son equipos de segundo y tercer orden en relación a los gigantes de Brasil y de Argentina pueden avanzar, ¿por qué no podemos nosotros?, se dice. Y como conclusión se saca que acá hay falta de jerarquía de los entrenadores y de los futbolistas.

Visión poco acertada.

Muchos aseguran, casi como una verdad revelada, que pese a todas las carencias, los problemas internos, la falta de organización y el pésimo nivel del torneo local, las escuadras nacionales tienen la obligación de ser competitivos en la arena internacional. Pero, en verdad, ¿qué significa eso?

Ese es el punto de conflicto.

Para aquellos que defienden esa dogmática postura, “competir” parece ser “pasar al menos a la segunda ronda de la Copa”.

Bueno, si es así, se debe entender que no importa la forma de lograr el objetivo (futbolísticamente hablando). O sea, de acuerdo a esta postura, si un equipo pasa de ronda con un nivel discreto, por situaciones puntuales, incluso por errores arbitrales que le sean favorables, es competitivo. Al revés, si una escuadra es eliminada jugando bien, peleando su clasificación hasta el final y queda eliminado por ejemplo por un gol de diferencia, entonces es una escuadra fracasada.

Puede que muchos crean eso, y está bien, es un punto de vista. Pero también puede que sea errado e insostenible.

Es que competir no es sinónimo de alcanzar circunstancialmente logros. La verdadera definición es la de lograr niveles tales que permitan igualar o superar rivales que incluso pueden ser vistos como superiores. Para explicarlo en forma más clara, no basta con tener eventuales buenos resultados para ser competitivo. Lo que importa es tener la constante posibilidad de imponerse mediante las cualidades propias.

Ejemplo. La selección de Grecia fue campeona de Europa en 2004. ¿Acaso ese equipo es más competitivo en términos absolutos e históricos a la selección de Croacia que nunca ha obtenido tal galardón?

La respuesta cae de cajón. Los griegos fueron campeones porque aprovecharon momentos muy puntuales. Pero ni en ese momento, ni antes ni después, Grecia puede ser considerado una escuadra competitiva.

En la Copa Libertadores pasa lo mismo.

Todos los años, por una situación estadística, un equipo poco competitivo avanza de rondas. Colo Colo mismo, en 2018, llegó a los cuartos de final del torneo después de hacer una mediocre primera fase (que le costó el puesto al DT Pablo Guede) y tras eliminar a Corinthians por el gol de visita conseguido en el 1-2 (gol de Lucas Barrios).

¿Era competitivo ese equipo de Colo Colo?

Las pinzas. Palmeiras lo barrió en los cuartos tal como indicaba la diferencia de calidad entre uno y otro.

Por eso, parece bueno fijar bien la discusión. Más aún si andamos comparando peras con manzanas o tomando como ejemplos y modelos a quienes están en las mismas que nosotro,s aunque tengan pequeñas y acotadas victorias.

Hay que definir bien los conceptos.