Columna de Sergio Gilbert: Los retos de la generación de recambio

Aunque en el fondo Ormazábal sienta que su trabajo no puede ser validado solo por que su equipo se clasifique al Mundial (hace 10 años que La Roja Sub 20 no lo hace por lo que no se trataría de algo inusual), es evidente que el objetivo competitivo está adherido a la determinación de haberlo contratado para esta labor.

Por SERGIO GILBERT J.

Patricio Ormazábal, DT de la selección Sub 20 que en pocas horas debutará en el Sudamericano de Colombia, se anduvo medio enredando en sus declaraciones previas a su viaje al torneo. Al ser consultado en La Tercera sobre los objetivos de Chile (que obviamente están vinculados a la clasificación del Mundial de la categoría que se disputará este año en Indonesia), el adiestrador señaló: “El único objetivo que me han pedido desde que llegué acá ha sido que la selección Sub 20 tiene que formar jugadores para pasar a la Sub 23 y adulta. Nunca ha venido alguien a decirme ‘usted tiene que clasificar al Mundial’ o ‘su obligación es clasificar al Mundial’. Por lo menos, no he tenido esas conversaciones a nivel oficial». 

Por cierto que estos dichos originaron reacciones, en especial en las redes sociales, donde se fustigó a Ormazábal no solo por su falta de ambición sino que, esencialmente, por su aparente deseo de anticiparse a un eventual fracaso.

¿Es tan así? ¿Acaso él nos señaló que hay algo quizás más importante que ir a un Mundial o fue un escudo de defensa el que utilizó el DT ante un eventual fracaso?

Puede que se trate de ambas cosas.

Partamos por lo segundo.

Es obvio que se trata de una declaración algo torpe que tiene un tufillo de resguardo ante la posibilidad de no concretar la meta mundialista. Porque aunque en el fondo Ormazábal sienta que su trabajo no puede ser validado solo por que su equipo se clasifique al Mundial (hace 10 años que La Roja Sub 20 no lo hace por lo que no se trataría de algo inusual), es evidente que el objetivo competitivo está adherido a la determinación de haberlo contratado para esta labor. Lo llamaron para formar el mejor equipo posible para disputar el Sudamericano.

A la Sub 20, en rigor, no se le exige nada en términos numéricos. Pero sí existe la ilusión (porque tampoco se trata de un objetivo inalcanzable) de que Chile pueda acceder a uno de los cuatro cupos que hay a disposición (de entre 10 participantes). O sea, Ormazábal cometió un gaffe.

Ahora, en términos de análisis más finos, puede que el entrenador de la Sub 20 haya dicho algo que es relevante y digno de ser analizado: que su objetivo mayor, el reto verdadero y quizás más complicado sea contribuir de manera profunda a la construcción de una nueva generación para las selecciones adultas.

Y eso, en rigor, es mucho más potente que clasificar al Mundial de Indonesia.

Es claro que desde hace años, Chile dejó de trabajar intensamente, en los hechos, en la generación de nuevos valores de alto nivel.

Ya sea por estiramiento forzado que se ha hecho de la llamada “Generación Dorada” o porque resulta poco rentable establecer una política de inversión en las divisiones menores (hay que recordar que durante la pandemia, Chile fue el país sudamericano que más tiempo tuvo detenida su competencia interna), está claro que se ha producido un forado grande que tiene hoy a las selecciones chilenas -a todo nivel- en un plano competitivo bajísimo y con pocas caras nuevas que asomen como líderes de corto plazo.

Para muestra, un botón: del último equipo Sub 20 que se clasificó a un Mundial (el de Turquía), solo un integrante es hoy un habitual en las nóminas de La Roja adulta: el portero Bryan Cortés quien en la escuadra que dirigía Mario Salas era suplente (el titular era Darío Melo) y hoy sigue siendo alternativa en la Absoluta (de Claudio Bravo).

Ese es, sin duda, el nivel de gravedad que existe en el fútbol chileno y que, quizás de una manera deficiente y hasta torpe, quiso exponer Patricio Ormazábal.

Cierto es que estos días cuando estemos pegados a la tele mirando los partidos de la Sub 20 en Colombia, estaremos sacando cuentas de las posibilidades de llegar al Mundial y que al final, analizaremos el tema del éxito y el fracaso a partir de la consecución o no del objetivo competitivo.

Está bien. Pero también hay que ver lo otro, lo que realmente es una crisis a resolver. No solo Ormazábal debe tenerlo en su mente. Todos debemos tenerlo igualmente claro.