Columna de Sergio Gilbert: Prendan las luces…

A diferencia de lo que pasaba antes, ir a Santa Laura hoy es un martirio y no el placer culpable de todo hincha futbolero, aunque no sea seguidor de Unión Española.

Por Sergio Gilbert J. / Foto: ARCHIVO

La imagen es deprimente. Triste. Conforme se va escondiendo el sol y apareciendo la luna, el estadio Santa Laura poco a poco va quedando en penumbras.

Claro, uno piensa, mientras observa el fenómeno natural, que es cosa de prender las luces del querido recinto de Unión Española para espantar las sombras y volver a la luminosidad.

Pero no. Aun con todas las ampolletas prendidas de los matamoscas, Santa Laura no deja su imagen tenebrosa, lúgubre, similar a la casa de Drácula. Los focos del recinto tienen una intensidad impropia para que se desarrolle un digno espectáculo futbolístico.

Pero la penumbra no sólo la viven los que están in situ, en la cancha.. También los que siguen el partido por la televisión.

Porque, aunque técnicamente la tele puede disimular ciertas imperfecciones, en este caso la batalla está perdida: no hay ingeniero que pueda hacer milagros por lo que un encuentro que se juega hoy en horario nocturno en San Laura, simplemente es un castigo verlo. Para el espectador en el estadio, para el televidente, que pagan su entrada o su conexión y que con esto son burlados como clientes o consumidores del “producto” que cancelan por seguir al equipo de sus amores.

¿Quién asumirá de una buena vez esta vergüenza? ¿Será cosa de ir al Sernac?

Lo más probable es que nadie pesque. Que como siempre pasa, los que deben asumir los costos empiecen a tirarse la pelota unos a otros para luego concluir que Moya es el pagador obligado. O que el gobierno “debe hacer algo”.

Pero no señor. Acá sí hay responsables que deben asumir porque, a diferencia de lo que pasaba antes, ir a Santa Laura hoy es un martirio y no el placer culpable de todo hincha futbolero, aunque no sea seguidor de Unión Española.

Esos responsables son claramente identificables.

El primero, el club, el dueño del recinto, por supuesto. La SAD que tiene la propiedad de Unión, aquella que el empresario español Jorge Segovia maneja vía Zoom, es la que tiene que meterse la mano al bolsillo (al suyo, no al de los hinchas) para que Santa Laura se ilumine decentemente.

No se trata de comprar la última tecnología. Pero tampoco de ir al Mercado Persa a adquirir ampolletas de segunda mano. Se debe encontrar una solución económica y, a la vez, eficaz. Vitrinerar y comparar para encontrar la opción adecuada. Como lo hace cualquier hijo de vecino cuando se le echa a perder la cocina o debe comprar un calefón. ¿No hay plata? Hágalo como lo hace todo chileno: endéudese.

Pero en esta pasada, el dueño de los derechos televisivos del fútbol chileno -TNT Sports- no se la puede llevar pelada. Debe exigirle a Unión Española que invierta. Y decirle a la ANFP que mientras el club asociado no lo haga, no puede programar partidos en horario nocturno en Santa Laura hasta que se cambien los malditos focos. TNT Sports tiene el derecho a hacer esa exigencia por sus abonados, pero también el deber. Hasta ahora, la verdad, lo que demuestran es que son avales y cómplices de un descarado atropello a sus clientes.

Es la hora de exigir y de cumplir. Y en la pasada, en este caso en particular, que Unión Española aproveche el vuelo para barrer el estadio, arreglar los asquerosos baños, tener estacionamientos para que ir en auto al recinto no sea un acto de valentía extrema y poner un tablero marcador que dé la idea de que estamos en el siglo XXI.

Ah. Y que vuelvan los sandwichs de mechada históricos. No los industrializados que no se chorrean.

Por algo siempre le tuvimos cariño a Santa Laura