Columna de Sergio Gilbert: Se avanza, a paso de tortuga y sin expectativas claras aún, pero se avanza

Ya va siendo hora que el medio, es decir, hinchas, seguidores y comentaristas de lo humano y lo divino, comience a entender una cosa: La Roja hoy es un equipo menor en el concierto sudamericano.

Por SERGIO GILBERT J. / Foto: ARCHIVO

Está más que claro que ya en pleno proceso competitivo, la evaluación del trabajo del entrenador Eduardo Berizzo en la selección nacional debe ser más drástica. Pero también más acotada. Es decir, a diferencia de lo que pasaba en el período de preparación, donde no se exigía tanto el resultado, pero sí una claridad en cuanto al sistema de juego y a elección de los hombres que serían capaces de interpretarlo, hoy la urgencia es exactamente inversa: importan más los puntos que las formas y los intérpretes.

Y es que parece que ya va siendo hora que el medio, es decir, hinchas, seguidores y comentaristas de lo humano y lo divino, comience a entender una cosa: La Roja hoy es un equipo menor en el concierto sudamericano por su evidente falta de jerarquía individual y su creciente putrefacción en el trabajo de base, por lo que llegar al próximo Mundial -aunque parezca más fácil que cualquiera otra vez por la cantidad de cupos disponibles- no es una obligación. Es una tarea ardua que, de conseguirse, incluso podría ser (injustamente) meritoria…

Visto así el panorama, poniendo todo en ese marco, es posible señalar que el punto logrado por Chile al cabo de las primera dos fechas eliminatorias constituye un mínimo aceptable. Ello porque se cayó ante un adversario que está en otra pelea (Uruguay pareciera encaminado a buscar la segunda línea de clasificación) y si bien Colombia aparece hoy en las proyecciones como uno de los “rivales a vencer” en la batalla lógica que librará Chile (conseguir el último cupo directo o el repechaje) es indudable que el equipo cafetalero tiene hoy jugadores de mayor peso internacional y un mejor registro en el trabajo previo a las eliminatorias, por lo que no era descartable que en Santiago pudiese haber hecho prevalecer esas ventajas y quedarse con los tres puntos.

Pero no lo hizo. De hecho, el mérito de la Roja no sólo fue superarlo con largueza (en especial en el primer tiempo) en situaciones de gol, sino que también el de encontrar la manera que jugadores de alta gama como Jhon Arias, Luis Díaz e incluso James Rodríguez no tuvieran posibilidades de trascender.

Es cierto que al equipo de Berizzo hay que fustigarlo por su ya enervante incapacidad de convertir goles en situaciones altamente favorables. Pero hay que convenir que esa enfermedad es larga y que nadie ha podido superarla o, al menos, atenuarla.

Con todo, lo de Chile ante Colombia específicamente dio muestras de pequeños, diminutos, microscópicos, avances que, de todas formas, hay que poner en consideración. Cuáles son ellos. Anote: se logró estructurar un cierto tejido defensivo (incorporando volantes y delanteros en esa labor); se pudieron otorgar libertades a jugadores que hoy no sólo la exigen sin que la requieren si quieren mantener su importancia (Arturo Vidal y Alexis Sánchez), y se sumó un par de nombres a la lista de posibles titulares en ciertas instancias (Matías Catalán y Rodrigo Echeverría y también se puede considerar en la lista -con anteriscos- a Diego Valdés).

Ciertamente, para pensar en encarar con cierta dignidad la batalla por clasificar y participar en el Mundial (no hablemos de competir, que son palabras mayores) aún es poquito. Se diría que una especie de aspirina para no sufrir con tanta intensidad todos los males de la una influenza grave. A velocidad de tortuga, en resumen.

Pero es más que nada. Que era exactamente lo que había cuando se empezaron a jugar estas desgastantes y tumultuosas eliminatorias que se nos vienen encima.