Columna de Sergio Gilbert: Si es chileno, no siempre es bueno

Somos, en definitiva, un país corrupto y xenófobo en un grado alto y no honesto y acogedor como siempre se nos ha hecho creer (tampoco somos solidarios, habría que agregar).

Por SERGIO GILBERT J. / Foto (referencial): ARCHIVO

En Chile se han derribado dos mitos importantes en los últimos años. Uno, que los niveles de corrupción eran ínfimos en comparación a nuestros vecinos del barrio. Y dos, que si un extranjero venía a Chile vería cómo quieren al amigo cuando es forastero…

Pamplinas.

En lo primero, las pruebas están a la vista. Tanto a nivel del aparato estatal y de instituciones de la República (incluido, por cierto, el siempre incorruptible cuerpo de Carabineros) como del empresariado, diariamente se conocen las miserias, trampas, estafas y robos de quienes, se supone, son los primeros garantes del pueblo que dicen representar y/o resguardar.

Lo segundo también es evidente.

Con las últimas oleadas inmigratorias, se ha profundizado en la sociedad chilena un resentimiento tal que en muchos sectores de ella se ha enquistado la idea de la pureza racial y del Superhombre al modo que lo definía Friedrich Nietzsche.

Somos, en definitiva, un país corrupto y xenófobo en un grado alto y no honesto y acogedor como siempre se nos ha hecho creer (tampoco somos solidarios, habría que agregar).

Por eso que desde ya habría que dejar de lado esa frasesita digna de los radicales que crearon la Corfo de que “si es chileno, es bueno”.

No. A veces es bueno. No siempre.

Eso hay que tenerlo claro en todos los aspectos de la vida. Incluso en el fútbol.

Claro, se va un entrenador de la selección o un DT de un equipo grande, y no falta el grupo de aires nacionalistas que salta para decir que “deben darle la oportunidad a un chileno”, como el simple hecho de haber nacido en esta parte del mundo le dé ventajas para el puesto.

Sí, claro, en la historia ha habido entrenadores nacionales de nivel como Luis Tirado, Fernando Riera, Luis Álamos, Hernán Carrasco, José Sulantay y hoy mismo, Manuel Pellegrini. Y también hay varios que en estos momentos lucen antecedentes interesantes para desafíos mayores como José Luis Sierra, Gustavo Huerta, Ivo Basay, Mario Salas o Jorge Aravena.

Pero no por ser chilenos tienen prioridad. Hay que ver sus capacidades, sus propuestas, sus currículos y compararlas con los que pueden venir de afuera.

A no olvidar. Chile se construyó como país con el aporte foráneo. Y el fútbol chileno también con la colaboración de entrenadores como el húngaro Francisco Platko, el francés Gabriel Hanot, el croata Mirko Jozic, el uruguayo Nelson Acosta y el argentino Marcelo Bielsa.

Hoy también hay entrenadores que no nacieron en Chile pero que aportan o podrían hacerlo tanto en la Selección como en los equipos de mayor convocatoria.

¿Por qué dejarlos afuera, así como así? ¿Acaso porque el pasaporte acredita por sí solo la calidad del trabajo?

Dejémonos de tonterías.

El mejor para el puesto según los méritos y no porque haya crecido viendo a Don Francisco o escuchando la radio Cooperativa.

Seamos serios. Aunque nos cueste.