Columna de Sergio Gilbert: Una apuesta demasiado atractiva

La ANFP, es decir, el conjunto de los clubes profesionales, está hoy a expensas de un negocio que no es legal en Chile. Y pretende defenderlo a cómo dé lugar.

Por SERGIO GILBERT J. / Foto: ARCHIVO

La Corte de Apelaciones de Santiago declaró inadmisible el recurso de protección presentado por la ANFP que buscaba dejar sin efecto el oficio de la Subsecretaría de Justicia, donde se le instruye al ente rector del fútbol terminar su contrato con la empresa de apuestas Betsson, auspiciador del torneo nacional.

La ANFP, con la rapidez que uno quisiera tuviera en otras materias, dio a conocer un comunicado señalando que apelará ahora a la Corte Suprema ante este fallo, basado en un “tecnicismo”: “El oficio vulneró su derecho constitucional a ser juzgada por los tribunales que señala la ley, ya que el subsecretario en lugar de presentar su respectiva demanda ante un juez, instruyó administrativamente que se ponga fin a contratos vigentes. Para esto, ni el Ministerio de Justicia ni la Subsecretaría tienen atribuciones legales, como no las tiene ningún órgano administrativo ni Superintendencia en Chile”, expresa el comunicado.

O sea, para la ANFP el tema es que el Ministerio de Justicia, que es además el organismo estatal que lo rige (y que le otorgó a ella y puede quitarle su personalidad jurídica), se equivocó en su manera de presentar el caso.

Una tinterillada.

Pero el tema está más que claro. La ANFP defenderá hasta el final su contrato con Betsson, incluso a riesgo de la poca buena reputación que podría tener, simplemente porque si la Corte Suprema no acoge su apelación, el fútbol chileno perderá uno de sus mayores sostenes económicos y, quizá, será incapaz de subsistir.

Eso es, en realidad, lo que está en juego hoy.

La ANFP (que quiere decir, el conjunto de los clubes profesionales), tras una cadena de desaciertos que se iniciaron en anteriores administraciones, pero que se profundizaron desde que asumió Pablo Milad, está hoy a expensas de un negocio que no es legal en Chile (de acuerdo a lo señalado claramente por el Servicio de Impuestos Internos). Y debe defenderlo porque si no, quedará a la deriva.

Triste panorama. El fútbol profesional está diciendo sin tapujos que trabajar con un negocio que está fuera de la ley no sólo es aceptable, sino que favorable, tanto en cuanto “ayude” a mantener viva una actividad socialmente importante.

No existe fundamento moral ni posición ética que aplicar en este caso. Lo trascendental es conseguir que la música siga tocando para que no se acabe el baile, la fiesta y la borrachera… aunque mañana alguien tenga que hacerse cargo de los estropicios y la caña que ella deje.

Lo peor del caso es que en este jueguito de mirar para el lado, de hacerse los Larry, como se dice ahora, parece que todos los estamentos están involucrados. Clubes, jugadores, árbitros, ex futbolistas e incluso ídolos de siempre hoy regalan sus rostros, camisetas y pelotas hasta con bailecitos rindiéndoles adoración al dueño del circo, al que hace danzar al monito.

Y no, no me he olvidado del gremio nuestro. El de los medios de comunicación, el de los periodistas. Éste tampoco ha escapado a esta fiebre de juegos que prometen buena recompensa. Las casas de apuestas hoy no sólo auspician programas (incluso canales), sino que les da unos pesitos a varios “profesionales” con el compromiso de que utilicen sus códigos y puedan seguir dándole vueltas a la manivela de la ilegalidad.

Es que se trata de dinero dulce, plata fácil, ganancia rápida.

Todo demasiado atractivo como para desecharlo por mantener principios.