Columna de Sergio Gilbert: Unión La Calera, descanse en paz

En los últimos cinco años han desfilado por el sintético calerano futbolistas que sólo querían la oportunidad de mostrarse para ser vendidos rápido y técnicos que, derechamente, llegaron a hacer la práctica para así poner algo en sus pobres y desnudos currículos.

Por SERGIO GILBERT J. / Foto: PHOTOSPORT

Nadie quiso o no supo pararlo, porque todo obedecía a las leyes del mercado -que finalmente todo lo permiten, si es que hay dinero para pagarlo-, pero Unión La Calera como club, como institución, hoy yace en el cementerio.

Muerto, bien muerto.

Y no hay pistas de que pueda resucitar.

La escuadra que algún día recibió a un joven Elías Figueroa para foguearse, que albergara decenas de goles del “Pata Benita” Castro o que aplaudiera a Juan Carlos Vera, al “Fantasma” Figueroa o al “Torpedo” Núñez, simplemente hoy no existe. Lo desarmaron, lo destruyeron. Se lo están repartiendo de a pedacitos…

Esto empezó a pudrirse cuando, sin tener ninguna culpa de aquello, la escuadra calerana fue vinculada al odioso nombre de Sergio Jadue.

Ser de Unión La Calera, ir al Nicolás Chahuán a alentar a los rojos, se convirtió en una especie de aval de la sinvergüenzura que Jadue desplegó en el fútbol chileno durante su mandato en el fútbol. Injusto para los caleranos. Pero se la deben toda a Jadue y a sus andanzas.

Pero lo peor vino después, cuando la institución fue tomada por el poderoso y múltiple dueño de clubes, el agente argentino Christian Bragarnik.

Ahí se pudrió todo.

Bragarnik y su pandilla comenzaron a desmantelar todo, empezando por el alma de la institución -su escudo, su emblema- porque había que comercializar mejor el “producto”.

De ahí para adelante podía esperarse cualquier cosa. Y empezó a pasar cualquier cosa.

Unión La Calera se convirtió en la vitrina para los jugadores y entrenadores pertenecientes al corral de Bragarnik.

En los últimos cinco años han desfilado por el sintético calerano futbolistas que sólo querían la oportunidad de mostrarse para ser vendidos rápido y técnicos que, derechamente, llegaron a hacer la práctica para así poner algo en sus pobres y desnudos currículos.

La situación se descontroló a tal modo, que sería para reírse si uno no tuviera consideración por los verdaderos hinchas que hoy sufren por su querido y prostituido club.

Anote.

En el debut de la Copa Sudamericana, Unión La Calera presentó en su oncena titular a ocho jugadores nacidos en Argentina. Ocho. Y luego ingresó un noveno, desde la banca.

Posterior a eso, a un “genio” de marketing se le ocurrió hacer un cartel para invitar a los hinchas a abonarse para los partidos de la Copa Sudamericana con la siguiente frase: “Adquirí tu pack”. O sea, como si la convocatoria fuera en el Barrio El Once de Buenos Aires…

La guinda de la torta la constituye la presencia del mediocre entrenador Manuel Fernández.

El mismo que fue echado a patadas de Audax Italiano hace un año y que por pertenecer al corral de Bragarnik tuvo la “suerte” de encontrar equipo en Chile.

Fernández ya no debería estar sentado en la banca calerana. Por dignidad. Por respeto a los hinchas.

Aparte de su cuestionable nivel como DT, el último fin de semana se agarró a las piñas (así decimos para que entiendan los argentinos) con un jugador de O’Higgins en pleno partido.

¿Qué más falta por aguantar? ¿Hasta cuándo juegan con los sentimientos del hincha calerano?

¿Qué más pretenden hacer si ya mataron al club?