Columna de Sergio Ried: Andy Murray es de otro planeta

Jugar más de 10 horas en dos días y finalizando el segundo de ellos a las 04:05 de la madrugada, es de por sí una hazaña, pero si le sumamos que su autor lo hizo en un Grand Slam, tiene 35 años y dos operaciones de cadera que lo tienen viviendo con una prótesis de titanio, ya supera el apelativo de hazaña y se convierte en una fábula.

Por SERGIO RIED / Foto: ARCHIVO

Su autor: Andrew Barrón Murray, nacido en Dunblane, Escocia, y dueño de un currículo que incluye haber sido número uno del mundo por 41 semanas, tres veces campeón de Wimbledon, doble medallista de oro olímpico y, obviamente, el mejor tenista de la historia del Reino Unido.

Conocido como Andy Murray, acudió al que iba a ser el último Grand Slam de su carrera el año 2019, cayendo con el español Roberto Bautista Agut, pero su tenacidad y su espíritu indomable lo hicieron seguir.

Con una cadera de metal y un ranking que le obligaba a jugar sólo con invitaciones especiales de los organizadores. Perdiendo más que ganando, sufriendo los dolores de su cuerpo y la humillación de caer ante jugadores que normalmente habría derrotado, Andy seguía y seguía entrenando y participando en los torneos a los cuales estaba invitado.

Un tipo que había sobrevivido a la conocida Masacre de Dunblane, su escuela primaria dónde murieron 15 de sus compañeros y un profesor, no iba a rendirse por unas cuantas derrotas en una cancha de tenis. Y Andy siguió y siguió hasta alcanzar el número 66 del mundo y no depender más de las invitaciones.

Hasta llegar a este Abierto de Australia, que lo elevó de la categoría de héroe a la altura de Superman.

Castigado por un sorteo poco favorable, debió enfrentar de entrada al italiano Matteo Berrettini (14 ATP) salvando un match point para luego vencer en 5 sets con un tiebreak de 10-8 en el quinto, tras 4 horas y 14 minutos de lucha.

Ya lo había dado todo cuando aparece en su horizonte el ídolo local Thanasi Kokkinakis, diez años menor que el. Y de nuevo Andy fue el héroe, en una increíble hazaña. Perdiendo dos sets a cero y 5-2, salvó un match point en el 5-3 para ganar el set en un tiebreak, el set siguiente por 6-3 y el quinto por 7-5.

Eran las 04:05 de la madrugada en Melbourne cuando Andy cerró el partido ante el estupor, la sorpresa y la admiración del mundo.

Su amor por el tenis, su temple y su espíritu indomable, hicieron que este desgarbado y tenaz escocés superará todos los escollos que le presento la vida, para hacer un verdadero milagro.