Crónicas de Sergio Ried: Mi Hall of Fame

En Estados Unidos cada deporte tiene su Hall of Fame o Salón de la Fama, dedicado a honrar a las personalidades y jugadores sobresalientes de la actividad.

Por SERGIO RIED / Fotos: ARCHIVO

El primer Salón de la Fama del tenis fue inaugurado en el Casino de Newport, Rhode Island, en 1954, por el multifacético Jimmy Van Alen, también inventor del «tiebreak». Años más tarde, en 1975, pasó a ser internacional, siendo el gran campeón británico Fred Perry, el primer extranjero en ser incluido. 

También se agregó un  museo del tenis, que hoy es el más grande del mundo.

VISITA INOLVIDABLE

Durante el US Open del año 2000, los periodistas acreditados fuimos invitados a visitar ese monumento al tenis, distante unas tres horas, por carretera, de Flushing Meadous. No dudé en anotarme pensando que también irían mis colegas y amigos latinoamericanos y pasaríamos un lindo día de confraternidad, pero me llevé la sorpresa que en el bus sólo éramos siete personas: dos franceses, dos noruegos, un sueco, mi esposa Frieda y yo.

Mis colegas latinoamericanos brillaron por su ausencia y no saben lo que se perdieron. Porque el Casino de Newport no sólo alberga al International Hall of Fame, sino que, además, tiene una historia riquísima del tenis, desde sus orígenes hasta sus albores en Estados Unidos. Desde 1881 (con algunas interrupciones), se disputa en sus canchas el único torneo ATP sobre césped fuera de Europa. 

Después del almuerzo y de comprar recuerdos y equipamiento con el emblema del Club, visitamos esta ciudad de veraneo de millonarios y de la élite estadounidense, la casa donde se filmó «El Gran Gatsby», el lugar donde se casaron J.F. Kennedy y Jackie,  y otros lugares de atracción turística.

TENIS EN PASTO Y TENIS ANTIGUO

Pero aún faltaba la guinda de la torta. Y la verdad es que fueron dos guindas. La primera fue conocer uno de los escasos courts de Real Tennis que existen en el mundo. Y la segunda, haber jugado sobre césped con el pro del club, un joven colombiano.

Regresarnos a Flushing Meadows a tiempo para ver la sesión nocturna del torneo, con la satisfacción de haber vuelto a las raíces del tenis y haber pasado momentos inolvidables de la historia del más hermoso de los deportes.

Todo lo cual se perdieron mis colegas y amigos latinoamericanos.