Contra los discursos del odio: una entrevista con José Ignacio “Chascas” Valenzuela

El Ágora tuvo la oportunidad de conversar con el guionista y escritor chileno sobre su libro, adopción homoparental y el contexto que se vive en la Florida de Ron DeSantis.

Por SEBASTIÁN GÓMEZ MATUS / Foto: ARCHIVO

Tras una breve pero intensa estadía en Chile, el guionista y escritor chileno conocido como “Chascas” Valenzuela se dio un espacio entre aviones para poder contestar un par de preguntas sobre su nuevo libro, “Gente como yo”, donde cuenta la experiencia de un matrimonio homosexual que inicia un proceso de adopción para poder criar y ser padres.

Hablamos de los prejuicios y la violencia que conllevan los mismos cuando una pareja homoparental quiere adoptar a una niña o niño. La violencia que reciben no sólo de parte de la ciudadanía, que se cree con derecho a opinar de todo, especialmente de la vida de los demás, sino que también de parte de algunas instituciones, como está siendo el caso del nuevo gobierno en Florida, Estados Unidos, donde el nivel de reaccionarios white trash ha alcanzado unos límites que lindan en lo patógeno, si acaso no es franca patología.

Enterado y aguzado como es, Valenzuela también habló del contexto nacional como un contexto global: lo que ocurre en Chile es una especie de aleph de lo que ocurre a nivel mundial, a propósito de la sobredeterminación de las distintos niveles sociales que van de la política a lo micropolítico.

Por supuesto, nos habló de su propia experiencia como padre y lo que ha significado para él criar a Leonora junto a su pareja, Anthony.

Esperamos que esta entrevista colabore en la recepción de nuevas formas filiales y familiares, en nuevos modos de integración social y, por supuesto, afectivos. También esperamos que la situación que se vive en Florida nos permita pensar los discursos de odio que proliferan hoy en nuestra sociedad chilena, en cuya base o centro, está el odio como un corazón pútrido.

UNA AVALANCHA DE SENTIMIENTOS

– A propósito de tu nuevo libro, “Gente como yo”, en otra entrevista señalas que no es un libro autobiográfico. ¿Puedes señalar por qué no lo es, siendo que la situación tratada en el libro es una situación que viviste?

“En efecto, con mi marido atravesamos una situación muy similar a la que Jimmy y Mauricio viven al inicio de la historia: nos lanzamos a la búsqueda de ser padres siendo una pareja del mismo sexo. Sin embargo, los hechos que los personajes de ‘Gente como yo’ van viviendo a través de las páginas del libro corresponden totalmente al terreno de la ficción.

Sólo por dar un par de ejemplos breves, con Anthony, mi esposo, no nos separamos durante el proceso de adopción (como sí ocurre brevemente con Jimmy y Mauricio), y siempre contamos con el apoyo de nuestras familias (al revés de lo que le sucede a Jimmy a lo largo del texto). Por lo mismo no es un libro autobiográfico. Pero lo que sí usé de la vida real fueron todas las emociones -y no los hechos- que Anthony y yo atravesamos durante los más de cuatro años que intentamos adoptar. En esas páginas quedaron plasmadas, y para siempre, todas nuestras ilusiones, frustraciones, alegrías, dolores, corajes y miedos.

Gracias a la escritura de ‘Gente como yo’ pude sobrevivir a esa avalancha de sentimientos.

– ¿Cuáles crees que son los prejuicios más habituales y violentos hacia la crianza homoparental?

“Son muchísimos y, por desgracia, creo haberme tenido que enfrentar a la gran mayoría de ellos. Algunos son tan absurdos, como el que dice que dos hombres criando a un hijo, o una hija, sólo van a causar que esa criatura sea gay. Como si la orientación sexual dependiera del tipo de educación que los seres humanos reciben. Pero el peor, el más violento y devastador de todos, es aquel prejuicio que señala que dos hombres homosexuales sólo quieren ser padres para abusar de ese niño, o niña, porque son por naturaleza pedófilos. Me cuesta mucho siquiera escribir sobre eso, por lo dañina y falsa de esa afirmación.

– Si bien en los medios hay una contextualización de lo que ocurre hoy en Florida, sobre todo con esta ley reaccionaria “Don’t say gay”, ¿puedes describir cómo ves tú esta situación política actual?

“En términos muy simples, lo estoy pasando muy mal en esta nueva Florida, la Florida del gobernador Ron DeSantis. Todas las semanas aparece una nueva ley que lo único que hace es restringir derechos que ya se habían adquirido. De ese modo, ya hay una prohibición casi total en el aborto; ya no se puede ni hablar ni explicar nada que tenga que ver con homosexualidad en colegios públicos; hay más de 2.700 libros prohibidos; no se puede hablar ni explicar sobre la menstruación en colegios públicos; las mujeres no pueden protestar frente a edificios gubernamentales… sólo por citar las leyes más llamativas. En apenas un año hemos retrocedido más de medio siglo en temas de derechos básicos para mujeres y minorías. Y haber sido testigo en primera persona de ese retroceso ha sido terrorífico. Me impresiona lo cómoda que se siente tanta gente viendo cómo se cuestiona la vida de otros, cómo se impide que otros puedan ser felices, y cómo se aniquilan sueños ajenos. Y también me afecta la poca importancia que muchos otorgan a la democracia como un modelo de gobierno efectivo y deseado.

– En un tono más personal, y en contraste con la segunda pregunta, ¿cómo ha sido tu experiencia de crianza?

La crianza para mí ha sido un terreno donde he podido experimentar, de manera simultánea, los amores más explosivos e inimaginables y los terrores más paralizantes y pesadillescos. Porque descubrí que ese cliché de que no conoces realmente el amor hasta que tienes un hijo es totalmente cierto. Pero, al mismo tiempo, el pánico de que le pase algo o de que le hagan algo a tu hijo es un terror real, diario, con el que tienes que aprender a convivir. Lo paradójico es que mientras más quieres a tu hijo, más miedo te da de que algo malo le ocurra. O al menos así funciona mi mente. Lo que sí ha sido un privilegio es tener la posibilidad de trabajar en mi casa, y haber podido estar ahí cada segundo del crecimiento de Leonora, mi hija. Nada me hace más feliz que prepararle su leche en la mañana, o ayudarla a ponerse el uniforme para irse al colegio. O esperar que vuelva de clases para jugar a armar un Lego, o echarnos juntos a leer un libro o ver un poco de tele. Nunca había gozado tanto esos momentos que no significan grandes acontecimientos, pero que sí son fundamentales en mi relación con ella.