Contrataciones: sabiduría cruzada, frenesí azul e incongruencia alba

Mientras la UC ha tomado decisiones claras para reforzarse, la U y Colo Colo siguen presa de visiones confusas que ponen desde ya en peligro sus propósitos de salir de perdedores en el campeonato nacional que parte esta semana.

Las contrataciones para este 2019 muestran una realidad dispar entre los tres grandes del fútbol chileno.

Sabiduría, frenesí e incoherencia son los tres términos que podrían definir la política de refuerzos de Universidad Católica, Universidad de Chile y Colo Colo, respectivamente.

Porque mientras el campeón ha actuado con serenidad para robustecer un plantel seguro de sí mismo, azules y albos, con énfasis distintos, parecen ser presa de riesgosas confusiones.

Lo de la UC es elogiable. No pudo retener a Beñat San José, artífice del título del año pasado, pero lo reemplazó con Gustavo Quinteros (acaso su contratación de mayor peso específico), un tipo con más currículo que el vasco y que en no más de un mes le ha sacado mejor rendimiento a un equipo que a la seguridad avara que le permitió campeonar agregó vértigo y hasta brillantez.

Han contratado poco en San Carlos de Apoquindo, pero bien. Llegó, por ejemplo, Juan Cornejo, el colorín lateral izquierdo que le ha aportado oficio, buen fútbol y un disparo temible que seguramente más de un rédito le dará a su nuevo club durante el año.

También se sumó Edson Puch, con altibajos en el fútbol mexicano, pero que en los amistosos veraniegos demostró que el mediocre torneo chileno le es cómodo y que en la UC lucirá tanto como en la época dorada de la U, a comienzos de la década. Su desequilibrio desordena defensas y facilita lucidas jugadas ofensivas.

Lo único que falta es un goleador mejor que Sebastián Sáez, especialmente para hacer un buen papel en Copa Libertadores. Quinteros cree que también necesita un volante defensivo mordedor, alegando que los prometedores Jaime Carreño y Carlos Lobos son volantes mixtos. Puede que sea así, pero cualquiera de ellos puede cumplir labores de quite, a la espera de la recuperación de Ignacio Saavedra.

Para complementar un plantel que deberá desdoblarse en la primera mitad del año, llegaron también Christopher Toselli, que presionará a Matías Dituro; Benjamín Vidal y Valber Huerta como alternativas en el centro de la defensa; César Pinares, en el mediocampo ofensivo, y  Jeisson Vargas, una suerte de hijo pródigo a menor escala y que hasta ahora ha desaprovechado todas las oportunidades recibidas en Chile y en el exterior para hacer explotar su enorme talento.

Su clásico rival, la U, optó por seguir el lema de que lo que abunda no daña. Cansada de malos resultados y rendimientos frustrantes, Azul Azul se dejó convencer por Franz Kudelka de que debía renovar totalmente el plantel. Así, trajo cinco defensas, dos volantes y tres delanteros. Varios de ellos muy esperanzadores, como Augusto Barrios, Sergio Vittor y Lucas Aveldaño en defensa; Jimmy Martínez y Nicolás Oroz, en el medio, y Gabriel Torres y Pablo Parra en el ataque.

Lo inexplicable es que Kudelka no comenzara por hacerse del refuerzo más urgente de todos: ese volante ofensivo que le dé claridad, sapiencia y buen fútbol a un equipo que en los últimos años lo único que ha hecho es tirar pelotazos, a ver si resulta algo.

No lo hizo, y tuvo que sufrir con amistosos dubitativos y la derrota ante Melgar en la fase previa de la Libertadores para recién convencerse de lo obvio. En estos días Kudelka anda desesperado tras un cerebro made in Chile con que encontrar ese buen fútbol que los azules extraviaron hace rato.

Pero si lo de la U sorprende, lo de Colo Colo es simplemente una nueva prueba flagrante de que muchos mandamases de la S.A. no tienen idea en lo que se metieron.

Qué otra cosa cabe suponer si Blanco y Negro contrató a un técnico como Mario Salas para que sacudiera el letargo que los sufridos hinchas soportaban fin de semana por medio en el Monumental y le entregó un plantel que ya no puede moverse a un ritmo mayor. El pobre comandante deberá liderar a un grupo de barbudos, cuyos principales referentes no soportan siquiera un día de marcha, da igual si es en la Sierra Maestra o en el Valle del Yuro.

Salas, entonces, está en una encrucijada que más parece laberinto.

Puede insistir en su fútbol dinámico e intenso y desoír, como ya lo hizo días atrás, las súplicas de sus referentes para bajar el ritmo. El costo será que estos últimos -llámense Paredes, Valdivia, Valdés y hasta Barroso- lo pagarán caro y posiblemente estarán constantemente expuestos a lesiones musculares, sino derechamente desgarros.

O bien puede ceder -sobre todo si los resultados no se siguen dando- y acomodarse a la lentitud de los añosos ídolos. En ese caso, evitará una revuelta interna, pero seguramente Colo Colo vivirá un nuevo año frustrante.

En ese escenario, que después de muchos esfuerzos (impropios de un club poderoso) haya traído a Gabriel Costa, Pablo Mouche y Javier Parraguez arriba, y a Ronald de la Fuente en la zona zurda de la defensa, no parece ser lo fundamental. Ni siquiera que se haya llenado de delanteros, especialmente centralizados, cuando lo que más requería era volantes de idea y vuelta, capaces de marcar y juntarse con sus atacantes con igual eficiencia.

No. Lo crucial es que si de verdad Blanco y Negro pretende un revulsivo, su directiva y el pueblo albo deberán soportar un nuevo traspié, sostener a Salas y simplemente tomar este 2019 como el año de despedida de sus viejas glorias. Conformarse con que Paredes supere el récord de Chamaco, Valdivia saque uno que otro conejo de su sombrero y Valdés regale algunos de sus elegantes regates. O sea, prepararles una salida por la puerta ancha.

Si Salas sobrevive, entonces sí el 2020 debería rejuvenecer el plantel a un punto que todos sus dirigidos salgan a galope tendido a arrasar con sus rivales sin que se caigan del caballo.