Copa Chile, la precisa tabla de salvación

La historia del torneo, en el que participan equipos de distintas divisiones profesionales, muestra los cambios, de nombre y de premios, que ha tenido la competencia, que hoy cuenta como recompensa mayor la clasificación a la primera fase de la Libertadores.

Foto: Agencia Uno

El origen más lejano de las disputas de Copa en las ligas locales se remonta a la segunda mitad del siglo XIX cuando en Inglaterra, con el objetivo de juntar a la mayor cantidad de equipos en una competición, se crea la llamada FA Cup (1871) cuya denominación precisamente recuerda los postulados que pretende impulsar la naciente Asociación de Fútbol inglesa fundada en 1863: la integración bajo las normas establecidas por el naciente deporte.

Si bien es cierto en sus primeros años de existencia la FA Cup sólo fue dominio de los equipos nacidos en la alta sociedad (en los public schools, esencialmente), a través de los años, las escuadras de origen más popular -creadas al amparo de las grandes industrias y en los puertos- se fueron integrando a la competición hasta convertir la FA Cup en el torneo más tradicional y democrático inglés. En él cabían todos, sin distinción, lo que se ratificó aún más cuando, con los años, el torneo se abrió a la participación de equipos de todas las divisiones.

El ejemplo de los ingleses fue imitado rápidamente por todos. Y hasta hoy ganar una Copa de liga nacional en muchos países conlleva distinciones especiales. En España, por ejemplo, tal Copa siempre la entrega el Rey (de ahí su denominación).

En Chile, el ejemplo se ha seguido, pero si bien los grandes postulados se han mantenido (según las épocas, casi siempre se ha jugado con equipos de más de una división) es un hecho que la disputa de la Copa ha tenido objetivos diversos.

De partida, los cambios de nombre producidos en los 80 cuando volvió a disputarse después de varios años, encerró intenciones tanto económicas como políticas: la Copa Chile se llamó Copa Polla Gol y luego, Copa Digeder. Más claro, echarle agua…

El torneo también, en sus diferentes versiones fue un espacio utilizado para hacer pruebas reglamentarias como los tiros libres sin barrera, o el no otorgamiento de puntos en los juegos que terminaban 0-0 o de tres al equipo que, ganando, convirtiera más de tres goles.

Por último, la Copa Chile (denominación restablecida hace algunas décadas) ante la evidente falta de interés de algunos equipos para participar, ha ideado a lo largo del tiempo una serie de incentivos para hacerla atractiva. Por ejemplo, otorgarle puntos extras al campeón y a los semifinalistas en el torneo nacional (Colo Colo una vez fue campeón nacional precisamente por esos dos puntos adicionales conseguidos como campeón de la Copa Chile); impedir el descenso de un equipo que haya llegado a las semifinales o, lo que acontece actualmente: entregar cupo a un torneo internacional a quien resulte campeón (a la fase inicial de la Copa Libertadores, en el caso actual).

Es decir, si bien la Copa Chile no es de máxima prioridad para los clubes, muchas veces es la tabla de salvación de algunos o el premio de consuelo que se agradece.

Hoy, la situación así lo indica. Es cosa de ver un solo ejemplo. Universidad Católica cumple la peor campaña de los últimos años en torneo nacional y, de hecho, está por ahora fuera de zona de clasificación a la Copa Sudamericana. Pero si gana la Copa Chile, puede terminar incluso jugando la fase de grupos de la Copa Libertadores 2023.

Sería un batacazo. Y la reivindicación de los cruzados.

Bendita Copa Chile, dirían.