Crónicas de Sergio Ried: Art Larsen, el campeón que le ganó a la muerte

“Según las leyendas del tenis, era una mezcla entre el mal carácter de John McEnroe y la sutileza de Roger Federer”.

Por SERGIO RIED / Foto: ARCHIVO

Arthur David «Art» Larsen nació en Hayward, California el 6 de Abril de 1925 y «renació» el «Día D», en el desembarco de las tropas aliadas en Normandía durante la Segunda Guerra Mundial. El rubio y delgaducho Art, se había enrolado en la US Army a los 18 años en 1943, y aquel día, ametralladora en mano, avanzaba por la playa de Omaha Beach, Francia, cuando su escuadrón fue bombardeado por la fuerza aérea nazi. Todos sus compañeros fueron literalmente masacrados, menos él, que no sufrió ni un rasguño. Eso físicamente, porque anímico quedó destruido al ver a sus amigos desangrándose, heridos de muerte, a su lado.

NACE «TAPPY»

Sus heridas estaban en su mente y no iba a ser tarea fácil sanarlas. Una vez desmovilizado el año 1945, las secuelas mentales llevaron a Art a ser una persona muy diferente a la que se enroló en la marina norteamericana  Agobiado por tics, manías y supersticiones, los médicos le aconsejaron que volviera al tenis, ya que además de ser muy buen jugador, le iba a servir para paliar su delicada situación mental. 

Art regresó a los courts a deleitar a los públicos de todo el mundo con la magia de su juego. Se convirtió en el primer tenista que reconocía vivir del tenis, en la época del amateurismo marrón. Incluso su pasaporte decía «tenista».

Volvió a ser el gran campeón de antes, aunque sus  numerosos tics y manías, no lo abandonaban. Tocaba madera cada vez que podía (de ahí su apodo de  «Tappy»), golpeaba la silla del árbitro con su raqueta en los cambios de lado, no pisaba nunca las líneas cuando la pelota no estaba en juego… y llevaba siempre un águila imaginaria en su hombro izquierdo. Esto le causó bochornosos episodios, como cuando jugando en el Centre Court de Wimbledon, comenzó a darle raquetazos a una paloma que volaba sobre la cancha. «Ese pajarraco está atacando a mi águila”, gritaba enardecido.

ART EL TENISTA

Hijo de una familia de deportistas, con un padre campeón de box y un abuelo muy buen beisbolista, el joven Art comenzó a jugar tenis a los 11 años y ya a los 14 ganó su primer torneo en el Olympic Club de San Francisco.

Dotado de un gran talento,  Art siguió haciéndose de títulos y fama hasta llega a ser campeón de los Nationals de Estados Unidos (hoy US Open), en el césped de Forest Hills el año 1950. Cuatro años más tarde fue finalista en Roland Garros,  perdiendo con Tony Trabert, y consiguió la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de México 1955, año en que también fue campeón del Conde de Godó, en Barcelona, uno de los más emblemáticos torneos sobre arcilla. También integró el equipo de Copa Davis de Estados Unidos en 1951 y 1952 y fue catalogado como número tres del mundo antes que existieran los rankings ATP y el tenis abierto.

Su juego, que según las leyendas del tenis, era una mezcla entre el mal carácter de John McEnroe y la sutileza de Roger Federer, hacía las delicias de todos los públicos, que incluso le aceptaban sus arrebatos, discusiones con árbitros, rivales y jueces de línea.

Todo se le perdonaba a este genio del tenis que seguía dando espectáculo, pese a su afición por la  cerveza, su adicción al cigarrillo, a las fiestas y las mujeres guapas.

EN EL STADE FRANÇAIS

Con motivo de un campeonato internacional en mi club el Stade Français el año 1950, tuve la oportunidad siendo juvenil, de verlo de cerca y ser juez de línea en sus partidos. Después, con mis amigos, los hermanos Pabst, Michel Pagola y Eliseo Sanhueza, tratábamos de imitar lo que él hacía en la cancha, como recibir el saque bien cerca de la línea de servicio (igual que los de hoy jajaja) y no apretar en exceso la raqueta, algo que también nos enseñaba el gran Pilo Facondi.

Lo que no podíamos imitar del rubio Larsen, era beber la enorme cantidad de cerveza que consumía, lo mucho que fumaba y la cantidad de chicas que conseguía. Que en eso Art era imbatible.

A tanto llegaba su vicio por el cigarrillo, que en medio de un partido, en un cambio de lado, le pidió el cigarrillo que fumaba un espectador y se sentó a fumar en su asiento en la misma cancha, donde ya tenía su botella de cerveza.

Larsen murió el 7 de diciembre de 2012, sin haber podido recuperarse  de las heridas causadas por un accidente de moto, que sufrió manejando hacia su casa en Castro Valley, California.

Art fue inducido al Hall of Fame en 1969 y en su funeral fue honrado con los más altos honores militares de la Armada de Estados Unidos.