Crónicas de Sergio Ried: Boicot en Las Bahamas

“Debía continuar la transmisión sin apoyo de nadie, con el agravante que el viento que azotaba la terraza donde tenía mi mesa de trabajo, hacia volar mis apuntes, lápices y anteojos”.

Por SERGIO RIED / Foto: ARCHIVO

Ese año 1987 Chile estaba en el grupo II Americano de la Copa Davis y enfrentaba a un equipo denominado Guyanas Británicas, o Antillas, integrado por Dave Burke, de Jamaica. y el moreno Roger Smith, de Bahamas. El equipo chileno capitaneado por Patricio Rodríguez, tenía a Ricardo Acuña como primer singlista y Hans Gildemeister en el dobles. 

El segundo singlista sería Robinson Ureta o Juan Pablo Queirolo, quienes debían dirimir las dudas de Pato Rodríguez en un partido entre ambos.

Se jugaba en el Ocean Club de Nassau, un resort de la cadena Four Seasons de la hermosa isla caribeña, donde no sólo había un hotel Sheraton, sino que además éste tenía como gerente al cubano Mario Abril, que había sido mi jefe en el Sheraton de Santiago y a cuyo hijo Marito le había enseñado a jugar tenis. Razón por la cual yo era invitado VIP en el Sheraton de Paradise Island, a unos 20 minutos del club donde se jugaba la serie de esta singular Copa Davis.

Ricardo Acuña.

EL TENIS

Como hubo de todo en esta confrontación, empezaremos por el tenis, que fue lo que me llevó a esa soñada isla. 

Comenzando por el citado partido entre Queirolo y Ureta, el martes en la mañana, para definir quién sería el segundo singlista. Encuentro que sorpresivamente ganó Ureta, o más bien dicho, perdió Queirolo, que fue víctima de su nerviosismo y ansiedad.

Los confrontes del viernes dejaron la serie igualada, con la derrota de Ureta ante Smith y el triunfo de Acuña sobre Burke; el sabado Hans y el mismo Acuña dejaron el score 2-1 favorable a Chile y el domingo Burke igualó a dos venciendo a Robinson, dejando la definición en el quinto punto, en manos de Ricardo Acuña contra Roger Smith.

LA AVIVADA DEL PATO 

Un quinto punto que tuvo de todo. Desde buen tenis, hasta drama y un inesperado percance de corte policial que me costó muy caro.

Yo relataba los partidos por teléfono para Radio Minería, con comentarios de Pedro Carcuro, que tenía que partir todos los días a la una de la tarde a Miami para despachar para Televisión Nacional, porque en Nassau no había satélite. 

En consecuencia, yo debía continuar la transmisión sin apoyo de nadie, con el agravante que el viento que azotaba la terraza donde tenía mi mesa de trabajo, hacia volar mis apuntes, lápices y anteojos. Fue gracias a la ayuda de Juan Pablo Queirolo que pude sacar la tarea adelante. 

Se llegaba a la definición con una llegada de ojo mágico. Igualados a cuatro games en el quinto set entre Ricardo Acuña y Roger Smith, Pato Rodríguez, viejo zorro en estas lides, pidió suspender el partido por falta de luz, ante una más que posible derrota de su dirigido. Lo que fue aceptado por el árbitro general de la FIT (Federación Internacional de Tenis) pese al airado reclamo de los locales que creían tener la serie asegurada.

Patricio Rodríguez.

Todos de vuelta al hotel a esperar el desenlace de la contienda el día siguiente (lunes), a las 9 de la mañana.

Desenlace que favoreció a Chile, ya que de entrada Acuña quebró el saqué de Smith y luego mantuvo el suyo para poner el 6/4 definitivo. Chile 3-2 Antillas.

BOND, JAMES BOND

Terminó el tenis pero las cosas no terminaron para mí. Seguiría y con ribetes de película policial, ya que en mi eufórico relato del «match  point» con que Acuña definió el pleito, el teléfono quedó mudo. Tres días y muchas horas de transmisión para que el relato del momento clave no llegara a oídos de los auditores en Santiago.

Afortunadamente el director de la Radio Minería, Hernani Banda y su asesor Enrique González, ambos expertos en la materia, lograron sellar la transmisión exitosamente.

Aunque para mí el tema no estaba todo terminado, ya que debía saber quién era el culpable del boicot. Responsabilicé a un moreno que rondaba siempre por mi mesa de trabajo, sin sospechar que al abordar el auto del hotel que esperaba por mí, el moreno iba a estar con una patota que amenazaba mi integridad física. Al verme en peligro, el chófer me tomó de un brazo y me subió al coche, partiendo raudo rumbo al Sheraton.

Pasado el susto, me fui a la piscina dispuesto a comenzar mis días de descanso, cuando mi amigo el gerente me dice que es mejor que abandone la isla lo antes posible, porque en Bahamas todos son parientes entre sí y puede ser que el sujeto del cual dudé ya esté en contacto con alguno de sus «primos” para cobrarse venganza. 

Ante este panorama, tome el primer vuelo a Miami. Luego de pasar temeroso la Policía Internacional y la Aduana abordé el avión y pude respirar tranquilo.

Me había escapado de la mafia de «primos» a lo James Bond, sin tener ni su pistola ni sus sofisticadas armas… ni su pinta.

Lo que nunca supe fue quién realmente desenchufó mi teléfono, porque fuera del moreno había otra radio que transmitió para Chile.