Crónicas de Sergio Ried: El día en que le gané a Corretja

Nunca podré olvidar aquella vez en que «derroté» a un top ten.

Por SERGIO RIED / Foto: ARCHIVO

Era las 13:30 de un caluroso día de verano en Barcelona. Como parte primordial de la invitación que me hizo el reputado preparador físico y entrenador catalán Salvador Sosa, estaba una entrevista a fondo con una de las estrellas de la «Armada Española», Alex Corretja.

La cita era para cuando Alex terminará su sesión de recuperación de una lesión a manos del mismo Sosa. Finalizada la sesión kinésica y tras los saludos de rigor, ya que nos conocíamos en el circuito, Alex bajó al court central del Club de Tenis y Natación San Cugat para una breve sesión de práctica en cancha con uno de sus asistentes.

Después de unos 15 minutos de intensos peloteos y de tomarle fotos pegando su fabuloso revés de una mano, me acerqué para pedirle que jugara conmigo unos minutos para sentir la potencia de sus golpes al otro lado de la red. Asintió risueño y me dijo: «A ver cómo lo haces con una raqueta» y me pasó una de las suyas.

Los numerosos socios del club, que como en todos los clubes del mundo, se juntaron a mirar a su ídolo que jugaba unos puntos con un señor que hacía años había dejado el tenis competitivo.

Nervioso y algo avergonzado por mi insólita situación, me ubiqué en mi sitio favorito, un poco adentro de la «T». Alex comenzó gentilmente a golpear suave y «a la mano», pero al ver que yo voleaba sin problemas, empezó a aumentar la velocidad de la pelota, dejándome mirando como sus potentes «passing shots» de revés pasaban volando por mi lado.

Hasta que en uno de ellos, me anticipé, di dos pasos hacia adelante y a mi derecha y le devolví su misil con un»drop volley» cruzado al que él no pudo llegar, pese a su carretón.

Luego levanté los brazos a lo Agassi y saludé a los tres costados de la cancha. «Gracias Alex, te gané», le dije bromeando. «No, no dale una más”, me dijo, para poner las cosas en su lugar, pero yo impávido y ante las risas de los espectadores, le respondí: “No Alex, el partido terminó y yo gane».

Luego de las risas, un apretón de manos y a almorzar con su hermano Sergio y dar curso a la larga entrevista para la revista Quince Cero.

Aunque yo jamás olvidaré esa tarde en que por primera y única vez le había «ganado» a un top 10.