Crónicas de Sergio Ried: El garaje de Borg

Siempre recuerdo la historia que cuenta los comienzos de Bjorn Borg en el tenis, que decía que sus primeros raquetazos los había dado a los 8 años jugando frontón en la puerta del garaje de su casa.

Port SERGIO RIED / Foto: ARCHIVO

Reza la historia de los inicios de la carrera tenística del sueco Bjorn Borg, que su padre, gran aficionado al tenis de mesa, ganó un torneo de su oficina y escogió como premio una raqueta de tenis que le regaló a su hijo Bjorn.

El chico, de 8 años entonces, fascinado con el presente, dejó de lado su deporte favorito, el hockey sobre hielo, y empezó a darle a una pelota de tenis durante horas, contra el portón del garaje de su casa en Soderjtale, en las afueras de Estocolmo.

Había nacido su amor por el tenis y con él, uno de los mejores jugadores de la historia..

GRACIAS SAS

Eso del garaje-frontón me pareció interesante, porque siempre pensé que era una buena manera de desarrollar la coordinación ojo-pelota y evitar el éxodo de principiantes frustrados por no pegarle a la bola en las primeras lecciones.

Y fue en un viaje a Suecia el año 1982, invitado por la línea aérea SAS, al igual que otros dos periodistas, Mauricio Carvallo y Vicente Pérez Zurita, que se bajó a última hora, cuando tuve la oportunidad de conocer el icónico «garaje de Bjorn Borg».

Ya había entrevistado, como parte de mi visita, a los astros máximos del tenis sueco, Sven Davidson, Ulf Schmidt y Erik Lindstrom, y decidí ir al diario Ekstra Bladet, el principal de la capital sueca, en busca de fotos del mentado garaje.

El periodista que amablemente me atendió, se mostró sorprendido por mi insólito pedido, ya que no se imaginaba que alguien viajara desde tan lejos para buscar una foto que ni a los mismos suecos les interesaba.

Luego de conversar de tenis y de la vida del jugador que revolucionó este deporte, me pidió que lo acompañara al archivo fotográfico del diario, en el subterráneo del imponente edificio del periódico, para buscar la foto.

En una época en que las fotografías eran en papel, había un verdadero laberinto de pasillos y estantes donde se almacenaban miles de fotos de diversa índole.

Y en medio de ese mar de estantes había uno inmenso dedicado a Bjorn Borg. Buscando y rebuscando en docenas de archivadores de fotos del deportista máximo de la historia de Suecia, por fin aparecieron tres o cuatro instantáneas del histórico garaje.

Me regaló una (la que va en esta crónica) y yo di por terminada mi absurda obsesión de tener la foto.

Misión cumplida y a seguir con mis otras actividades en Suecia.

Pero esa es otra historia