Crónicas de Sergio Ried: El «Pelé» del tenis

Julio Silva, el moreno de Jundiaí, Sao Paulo, que debió ser futbolista, pero que destacó en el tenis, deslumbró en el ATP de Viña del Mar en 2002.

Por SERGIO RIED / Fotos: ARCHIVO

La verdad es que fui a verlo al Club Unión de la Ciudad Jardín atraído por sus tres victoria en las clasificaciones y luego su triunfo sobre el español Alberto «Beto» Martín (34º) en el cuadro principal, y terminé admirando su notable dominio de pelota con los pies.

Se iba a los descansos haciendo «jueguito» con la pelota de tenis, cual Messi o Neymar, y deleitaba al público con sus increíbles malabares. Tanto, que hasta hacía olvidar que era un destacado tenista y un campeón en ciernes.

Este recorte de la revista Quince Cero lo muestra haciendo «jueguito» con la pelota de tenis.

Su estilo impecable, su revés a una mano y su volea, lo habían convertido en una promesa del tenis brasileño y ahí estaba en octavos de final, enfrentando nada menos que al dueño de casa, Nicolás Massú, cayendo en dos sets, pero dejando una excelente impresión.

No lo consiguió aquella vez, pero sí en octubre de 2005, cuando ganó el Challenger de Santiago derrotando en la final al español Rubén Ramírez Hidalgo, por 6-2 y 6-3.

DE LAS FAVELAS A FLUSHING MEADOWS

«Al contrario de Estados Unidos, en Brasil no es un insulto la palabra negro y al contrario convivimos unidos los blancos con los negros y mis ídolos son Pelé y Kuerten”, me dijo sonriendo este negrito alegre y simpático. “Incluso ‘Guga’ me ha ayudado en mi carrera», agregó.

Sentados en la terraza del Club Unión, conversamos largamente y así supe que Julio César Chaves Silva, que ese es su nombre completo, el mayor de dos hermanos, de madre viuda, comenzó su relación con el tenis como recogedor de pelotas en el Club de Tenis Jundiaí, de su ciudad natal, a una hora de Sao Paulo. Y como muchos otros casos en todo el mundo, al poco tiempo ya jugaba con los socios, les ganaba y aumentaba sus ingresos, los que le daba a su mamá, Edivalda María Chaves, a quien, con los dólares que fue ganando, le pudo comprar una casa para sacarla de Rui Barbosa, la favela de Jundiaí.

Se olvidó que era un promisorio lateral derecho del Paulista Fútbol Clube de Jundiaí y se hizo profesional del tenis a los 20 años.

De ahí en más, disfrutó viajando a los Challengers de Sudamérica y soñando con participar en un Grand Slam, lo que consiguió en el Abierto de Estados Unidos en 2010, donde perdió en primera ronda con el uruguayo Pablo Cuevas.

«Aquí, por perder con Massú ya gané 6 mil dólares», añadió socarrón, para despedirse haciendo «jueguito» con una naranja.