Crónicas de Sergio Ried: en el jardín de Laudrup

El recuerdo de una entrevista de hace 40 años con un joven considerado entonces como la nueva joya del fútbol danés y que, prontamente, brillaría en el escaparate del fútbol mundial.

Por SERGIO RIED / Fotos: ARCHIVO

Ese martes de abril de 1983 me encontraba en Copenhague invitado por la Aerolínea SAS, con motivo del vuelo inaugural de Santiago a la capital de Dinamarca. Durante el desayuno del tercer día de mi estadia en tierras escandinavas me enteré por la televisión del hotel, que la nueva joya del fútbol, de sólo 18 años, daría una conferencia de prensa en su casa, junto a su padre Finn, de 37 años.

El motivo era que ambos estarían el domingo siguiente en el equipo del Brøndby de la primera división de la liga local. Era un hecho inédito en el fútbol mundial, que padre e hijo jugaran juntos en una misma escuadra profesional.

NACE UNA ESTRELLA

En el jardín de su casa, el joven Michael y su padre, el internacional danés Finn Laudrup, hacían jueguito con un balón a la espera de las preguntas del enjambre de periodistas y fotógrafos, entre los que se encontraba este entrometido chileno.

Para ser veraz, diré que no entendí absolutamente nada de las preguntas y respuestas, ni la razón de las risas y las bromas que inundaban la entrevista. Pero, como nunca falta un buen samaritano dispuesto a ayudar, hubo un periodista local muy gentil que no sólo me explicaba lo que se iba diciendo, sino que, además, me presentó a Michael al finalizar la ceremonia, lo que me permitió tener una breve charla con él, en inglés .

Así pude saber que había rechazado una reciente oferta del Liverpool inglés que quiso llevarlo a sus filas a cambio de 180 mil dólares. Me dijo que se consideraba muy joven para irse de casa, aunque se sabía que la verdad es que no quería separarse de su noviecita. Además, estaba seguro de que más temprano que tarde iba a recibir ofertas más atractivas. Me presentó a su hermano menor Bryan, diciéndome, entre risas, que era mejor jugador que él.

Después de la breve charla, acompañada de un vaso de jugo de naranja, me despedí sin sospechar que había estado con el que pronto sería uno de los mejores jugadores del mundo.

Michael Laudrup y su padre, Finn, en el jardín de su casa en Copenhague.

ITALIA LO LLAMA

Las presunciones del joven Michael no tardaron en cumplirse, porque meses después recibió una millonaria oferta de la Juventus de Turín, Italia, uno de los más grandes de Europa. Ahí se juntó con Paolo Rossi y Michel Platini y en dos años lo ganó todo: Liga, Champions y prestigio. Pero faltaba la guinda de la torta. Y ésta llegó cuando el entrenador del Barcelona, Johan Cruyff, lo exigió para su equipo.

La sonada transferencia se llenó de ceros, al igual que la cuenta bancaria del ídolo danés que, con la compañía de Ronald koeman y Hristro Stoikhov formaron el famoso «Drean team» catalán que ganó la Copa de Europa en 1992 y cuatro ligas de España consecutivas.

Después de una criticada negociación, Laudrup se pasó a la vereda de enfrente, firmando por el Real Madrid, el eterno enemigo del Barça. Tras dos exitosas temporadas con los «merengues», emigró a un cuadro de Japón y luego se retiró del fútbol en el Ajax de Amsterdam, el año 1998, para convertirse en un exitoso entrenador.

Todo eso lo hizo el chico al que conocí de casualidad en el jardín de su casa en Copenhague.