Crónicas de Sergio Ried: esto no es Chile ni Argentina, esto es La Boca

A propósito de los problemas que sufrieron los hinchas de Colo Colo y los periodistas chilenos que acudieron al encuentro de este miércoles en La Bombonera, el recuerdo de una anécdota que refleja cómo nos ven al otro lado de los Andes.

Por SERGIO RIED / Foto: ARCHIVO

Ese domingo de agosto de 1981 se jugaba en La Bombonera un partido clave para definir al campeón del torneo Metropolitano, entre Boca Juniors y Ferrocarril Oeste. Yo me encontraba con mi esposa Frieda (QEPD) en Buenos Aires, por un torneo de tenis, y como gran aficionado al fútbol, quise ir a ese encuentro y de paso enseñarle el mítico estadio a Frieda.

El jueves previo al crucial encuentro, acudimos al estadio boquense a buscar mi credencial de enviado especial del diario El Mercurio, donde yo escribía y allí fue donde viví este episodio digno de ser contado.

EL SEÑOR HERTZ

Era pasado el mediodía cuando después de recorrer el estadio, subimos a las dependencias administrativas del club. Allí fuimos recibidos por un funcionario que nos dijo que el señor Hertz, el encargado de prensa, había salido a almorzar y regresaba en una media hora. Nos indicó unos sillones en la sala de espera y nos ofreció un café.

Pasados unos 40 minutos ingresó a la sala un señor alto, canoso y elegante, que sin mirarnos se dirigió a su oficina. Minutos después, un ceremonioso mozo de guantes blancos y pajarita negra, nos dice que pasemos a la oficina del señor Hertz, que nos va a recibir.

Sentado en su trono, el señor Hertz nos invitó a sentarnos en las sillas frente a su escritorio. Al escuchar que yo era enviado especial de El Mercurio de Chile, meditó unos instantes y nos pidió que esperáramos en unos escritorios de esos como los de colegio, al fondo de la enorme oficina.

Breves momentos después, el señor Hertz volvió a invitarnos a sentarnos frente a su escritorio y me muestra unas hojas de block con docenas de nombres manuscritos a lápiz y el medio periodístico de cada uno y me dice:

«Señor Ried (pronunciando con enfasis las dos vocales de mi apellido), vea lo que voy a hacer por usted. Pone el papel frente a mí y tacha uno de los nombres, diciéndome: «Estoy sacando a un periodista del interior del país y lo estoy colocando a usted en su lugar». Luego, tomó una credencial de un cajón del escritorio y me la entregó, recalcándome que el partido es a las 3 de la tarde, pero tengo que llegar unas tres horas antes.

Extrañado por la recomendación, le digo que en Chile los periodistas llegamos al estadio sólo 10 o 15 minutos antes del comienzo de los partidos.

Y fue entonces cuando el señor Hertz lanzó su frase para el bronce: «Señor Ried, esto no es Chile ni Argentina, esto es La Boca».

ESTALLA LA BOMBONERA

Pasado el mediodía de ese primaveral domingo, me encontrada en la tribuna de prensa, absolutamente desierta. Me senté en un lugar que decía el nombre de una conocida publicación deportiva y desde ahí tuve que ver todo el partido de las reservas. Yo era el único periodista que ocupaba la extensa fila de asientos asignados a diferentes medios.

Aprovechando que no había llegado ninguno de ellos, me senté en uno al azar. Faltando minutos para el comienzo del partido, que tenía a Maradona como gran atención, los asientos se fueron ocupando sin que nadie reclamara el mío. Agradeciéndole a mi suerte, me aprestaba para ver el partido cómodamente, cuando unos golpecitos en la espalda, me dicen que debo dejarle mi asiento. El señor de los golpecitos que estaba a mi espalda era el dueño del asiento y tuve que dejarlo avergonzado.

Me disculpé y me puse de pie detrás del asiento en medio de un enjambre de periodistas que se apretujaban para ver algo de la cancha. Así, como en un vagón de Metro en hora «peak», tuve que pasar los 90 minutos más largos de mi vida.

En el entretiempo, se dispersó un poco el grupo, permitiéndole a un funcionario del club, repartir un comunicado de prensa y un vaso con bebida. Detrás de él, emergía la figura imponente del señor Hertz.

Saludando a diestra y siniestra, cuando me ve, se abre paso, se pone a mi lado y me pregunta: «¿Y cómo lo han tratado señor Ried?». Le digo que muy bien y orgulloso me palmotea la espalda diciendo: «Ve usted señor Ried? Esto es Boca…».

Finalizado el partido que ganaron los xeneizes 1-0, permitiendo que Maradona consiguiera su único título con la camiseta de sus amores, dejé La Bombonera

y emprendí viaje a pie hasta mi hotel.