Crónicas de Sergio Ried: las chicas Cardinals

El recuerdo de una pretemporada atípica para este periodista en Saint Petersburg, conociendo un mundo diferente al deporte de toda la vida.

Por SERGIO RIED /Foto: ARCHIVO

Es tradicional en Estados Unidos que los equipos profesionales de béisbol elijan lugares tranquilos, hermosos y de buen clima para hacer su pretemporada. Y los clubes de New York, Boston, Chicago, Saint Louis y otras ciudades de inviernos fríos e inclementes, se trasladaban a la siempre soleada Florida, durante enero y febrero, para preparar el duro año de competencia.

Repartidos entre Tampa, Clearwater, Sarasota, Bradenton y otros paraísos veraniegos de Florida, el prestigioso equipo de los Saint Louis Cardinals, cuyo propietario también lo era del Sheraton de Saint Petersburg, hacía de este hotel, su casa de pretemporada. Y esto en el país del norte es tan importante, que los hoteles de la zona hasta incluyen en su nombre, el del equipo que pasa enero y febrero en sus dependencias.

Así, el Hotel Sheraton, donde yo era el tennis pro, incluía en su logo la frase «Home of the Cardinals».

La hermosa piscina del Hotel Saint Petersburg, donde el autor era el tennis pro.

A comienzos de cada año, llegaban al hotel 40 a 45 jugadores, muchos de ellos con sus parejas. Chicas bellas, que tenían todo el día a su disposición mientras sus parejas entrenaban.

Aburridas de ir de shopping, visitar lugares turísticos y aprovechar el tibio sol de la piscina, un grupo de ellas decidió tomar clases de tenis conmigo todas las mañanas, salvo el domingo, en que sus hombres tenían descanso.

De esta manera, algunas progresaron mucho y empezaron a disfrutar tanto del tenis, que hasta iban a jugar entre ellas por las tardes, para que sus parejas vieran sus progresos al volver del entrenamiento.

Pasados unos días, ya habíamos hecho una bonita amistad y yo había conocido a los más famosos beisbolistas de Estados Unidos, que también pasaban por las canchas a raquetear un rato, pese a que tenían prohibido practicar otros deportes que no fuera el béisbol. Fue algo nuevo para mí tener que conversar de un deporte del que nunca fui aficionado.

El invierno pasó volando, entre clases de tenis y largas tertulias con las chicas y sus célebres parejas, hasta que les llegó la hora de regresar a casa. Faltaba un día para que mis alumnas dejaran el hotel, cuando recibí una llamada a mi Pro Shop (tienda de tenis y oficina), pidiéndome que fuera al restaurante a la hora de almuerzo.

Allí, en medio de globos y pancartas alusivas a la despedida, mis alumnas me hicieron entrega de uno de los recuerdos más hermosos y significativos de mi vida en el tenis: un hermoso galvano que decía: «A Sergio, nuestro gran profesor de tenis y amigo, las chicas Cardinals».

Como corolario de esta historia, tengo que contar que, años después, una de ellas llegó a jugar tenis profesionalmente.

Hasta hoy me emociono cuando veo ese galvano en mi escritorio.