Crónicas de Sergio Ried: Marat Safin, del tenis al Parlamento

El gran tenista ruso, ganador de dos Grand Slams, número uno del mundo y dueño de dos Copa Davis, también fue un reconocido playboy y «rompe raquetas» que tras su retiro, a los 33 años, fue elegido como miembro del Duma (Parlamento ruso) por el partido oficialista Rusia Unida.

Por SERGIO RIED / Fotos: ARCHIVO

Nacido en Moscú el 27 de abril de 1980, Marat y su hermana menor Danira Safina, llegaron a ser los número uno del mundo en tenis y emblemas del deporte soviético. Marat lo consiguio al mudarse a Valencia, España, a los 14 años, donde, dirigido por el afamado entrenador Rafael Mensua, se convirtió en el mejor jugador del mundo.

«Se lo debo todo a España, mi segunda patria, y a mi primer entrenador Rafael Mensua», dice Marat, que después de siete años en Valencia, se trasladó a Ginebra y comenzó su exitosa carrera que lo convirtió en un ídolo, sobre todo del público femenino que lo seguía en los torneos.

Aunque, junto a esta faceta de chico guapo, estaba su lado oscuro, que lo convirtió en el tenista que más raquetas ha destrozado en la historia, unas 700, según las estadísticas de la ATP.

Pero no sólo raquetas rompía este espigado moscovita de 1.93 metros, porque, aunque no llegó a las 700, fueron muchas las modelos a las que les rompió el corazón.

Eran tantas sus conquistas, con las que convivía durante los diferentes torneos alrededor del mundo, que la prensa comenzó a llamar «safinetes» a este verdadero harem, que desde su palco lo alentaba en los partidos.

Tres amigas de Safin captadas en el Abierto de Estados Unidos 2000, donde el ruso se llevó el título.

Según un periodista australiano, Marat tenía ocho chicas durante el Abierto de Australia, que el ruso ganó el año 2005 (foto principal), venciendo en la final al dueño de casa, Lleyton Hewitt, por 1-6, 6-3, 6-4 y 6-4. «Una para cada una de las siete rondas del torneo… y la octava por lo que pudiera pasar», decía el cronista.

EL RELOJ

Conocí a Safin de una manera bastante inusual, una noche de septiembre del año 2000, cuando de regreso de Flushing Meadows con mi esposa al Hotel Sheraton de la 7ª Avenida, veo que cerca de la entrada hay un muchacho afroamericano vendiendo relojes.

Yo, como coleccionista y amante empedernido de los relojes, me nutría de los que se vendían en el barrio chino de Canal Street y sabía que los Rolex llamados «réplicas» no se podían vender so pena de cárcel para vendedores y compradores, debido a una demanda interpuesta por la famosa marca.

Pero este moreno no le temía al FBI y se aventuraba a vender Rolex en plena calle. Yo los estaba examinando, cuando se acerca un gigantón con una rubia, también interesados en los relojes. Al ver que el tipo era Marat Safin y tras un corto diálogo sobre el US Open, le digo que cómo anda comprando relojes falsos cuando en unos días, cuando gane el campeonato, se podrá comprar uno auténtico de 10 mil o 20 mil dólares.

Marat Safin y el trofeo del Abierto de Estados Unidos 2000.

Se rió, nos despedimos y no volví a verlo hasta la conferencia de prensa después de su victoria sobre Pete Sampras, por 6-4, 6-3 y 6-3, en la final del US Open. Yo, en primera fila, como era de esperarse, le digo después de felicitarlo por su triunfo, que ahora se podía comprar un Rolex «de verdad». Y él, sonriente, me muestra la muñeca y me dice: «Ya me lo compré ayer… «.

Sólo él y yo sabíamos de qué nos estábamos riendo.