Crónicas de Sergio Ried: Mi «amiga» Martina Navratilova

Pese a que siempre la consideré como una de las mejores tenistas de la historia, con ella nunca hubo «feeling» y, aún más, creo que tal vez por ser yo un modesto periodista «sudaca», existía una evidente animosidad.

Por SERGIO RIED / Fotos: ARCHIVO

El año 1994, Martina Navratilova estuvo en Santiago con motivo de una exhibición y, como era habitual en esos tiempos, las grandes estrellas de la televisión, cantantes y deportistas, se hospedaban en el hotel Sheraton, donde yo era director deportivo y tennis pro. Y en esa condición tuve la oportunidad de atenderla en las canchas de tenis y ponerme a su disposición en mi área.

Así fue cómo le reservaba la cancha principal para sus entrenamientos, le facilitaba pelotas de tenis y me encargaba del encordado de sus raquetas. Y hasta tuve la ocasión de ser su sparring ocasional.

Le tomé fotos en tenida de entrenamiento y fue portada de mi revista Quince Cero y su entrevista estuvo en páginas centrales.

Me dedicó su libro «The Total Zone», escrito por la periodista Liz Nickles y a su partida nos despedimos amigablemente.

La dedicatoria de Martina para el autor, al momento de dejar Chile.

DESENLACE

Por todo esto, fue que me extrañó la actitud que tuvo conmigo durante el US Open de ese mismo año 1994, cuando yo cumplía mi labor de periodista, fotógrafo y reportero radial para mi programa de tenis en Radio Minería.

Esa tarde mientras me dirigía al court central del Arthur Ashe Tennis Stadiun, por los pasillos interiores, veo que está Serena Williams conversando con un colega y obviamente me apresté a tomarle una foto. De pronto, siento que alguien me da un golpe en el brazo y me bota la cámara.

Era la mismísima Martina Navratilova, que furiosa me decía que si no sabía que en ese lugar estaba prohibido tomarles fotos a las jugadoras.

Yo debo haberle contestado mal, y eso lo reconozco, pero acepté su insolencia y falta de modales y me retiré.

Más tarde, al regresar a la sala de prensa fui detenido por una funcionaría del torneo, diciendo que había una denuncia en mi contra, de miss Navratilova, y que al próximo incidente de ese tipo, me retirarían para siempre mi credencial del US Open. ¡Plop!

Hoy, ya casi olvidado ese incidente, sigo ejerciendo mi profesión y ella está felizmente casada con la ex modelo rusa Julia Mendigova, pero, desgraciadamente, padece de un doble cáncer, de garganta y mamas. A la distancia le deseo lo mejor.