Crónicas de Sergio Ried: Mi “guerra” con la Armada Española

O cómo una simple opinión periodística pudo ocasionarme un mal rato con esos destacados tenistas hispanos.

Por SERGIO RIED / Foto: ARCHIVO

El nombre de Armada Española surgió en la década de los 90 del siglo pasado, por obra de mi amigo William “Pato” Álvarez, el entrenador nacido en Medellín. Colombia, y afincado en Barcelona, cuando estuvo a cargo del tenis hispano.

Con su innovador entrenamiento de «cubos» (carros de supermercado repletos de pelotas) y su concepto de tres fases, defensa, ataque y finiquito, logró poner a España a la cabeza del tenis mundial, junto a Estados Unidos y Francia.

El tenis ibérico llegó a tener hasta 20 jugadores entre los primeros 100 de la ATP- Entre ellos Sergi Bruguera, Emilio y Javier Sánchez, Carlos y Albert Costa, Alberto Berasategui, Félix Mantilla, Julián Alonso, David Ferrer y otros.

Sin contar a Arantxa Sánchez y Conchita Martínez, entre las mujeres.

El destacado entrenador de tenis William Álvarez, a quien apodaban «Pato» por su manera de caminar, falleció en enero del año pasado.

POR CULPA DE UN CLAVO

En junio de 2002 se jugaban los torneos posteriores a Roland Garros y como yo no iba a asistir, le pedí a mi amigo periodista Sergio Libedinsky que cubriera para mi revista Quince Cero, el ATP de Kitzbuhel, al que él asistiría. Además, le entregué diez ejemplares de la revista de ese mes, para que los repartiera entre los jugadores más amigos, sin pensar en que aquello me podría haber significado un serio mal rato.

Dos días después de iniciado el torneo de marras, recibo en la oficina de la revista un llamado de mi amigo Benito Pérez Barbadillo, el supervisor de la ATP asignado al torneo del Tirol, diciéndome que los tenistas de la Armada Española estaban indignados conmigo y que me cuidara de no toparme con ellos en los futuros torneos.

¿La razón? En la crónica aparecida en esa edición de Quince Cero sobre Roland Garros, que ganó Albert Costa sobre Juan Carlos Ferrero, yo opinaba que «ver jugar a dos españoles es más fome que chupar un clavo».

Así que, durante Wimbledon y el US Open evite encontrarme con ellos, pero a fines de ese año, estando yo en Milán con mi esposa Frieda, se me ocurrió ir por el día al torneo de Bologna, que estaba como a dos horas en tren.

Nada más entrar al club donde se jugaba el campeonato me encuentro justamente con la Armada Española en pleno.

Para mi sorpresa, ninguno de ellos parecía recordar el incidente, aunque abundaron las bromas cuando les conté lo que me había dicho Pérez Barbadillo. Nos dimos la mano con Corretja, Berasategui y hasta con Costa y Ferrero y fumamos la pipa de la paz.

Aunque desde ese momento para referirse a mí decían el “Chupa clavo”.