Crónicas de Sergio Ried: Murray, el sobreviviente

En 2016 Andy se convertiría en el número uno de mundo, sitial que mantuvo por 41 semanas.

Por SERGIO RIED / Foto: ARCHIVO

Andy Barron Murray sobrevivió en su infancia junto a su hermano Jamie a la tristemente celebre «masacre de Dunblane», en la que en 1996 el sicópata inglés Tomas Hamilton asesinó a 16 alumnos y a una profesora del Primary School de la ciudad escocesa, dónde estudiaban los hermanos Murray, y luego se suicidó.

Este episodio dejó su huella en Andy, pese a que a sus nueve años no dimensionó la magnitud de la tragedia. De ahí que siempre se negara a hablar de ello en las entrevistas y sólo la mencionara en su libro autobiográfico «Hitting Hard» (Pegando Duro).

Pero éste no fue el único percance al que sobrevivió Andy, que en 2019, durante la presentación del Abierto de Australia, anunció su retiro del tenis por no haber podido recuperarse del todo de sus dos operaciones de cadera, que lo tendrían de por vida con una prótesis de titanio.

Pero el hombre de hierro no solo echó por tierra ese anuncio de abandonar la actividad, sino por el contrario, volvió a los courts y remontó desde las profundidades del ranking hasta el número 39 que ostenta hoy en vísperas de Wimbledon, el torneo que ganó en dos oportunidades.

Un sobreviviente no se iba a dejar vencer por un simple trozo de metal en su cuerpo y siguió luchando por su gran amor al tenis.

«TE PRESENTO AL FUTURO NUMERO UNO DEL MUNDO»

Con esa frase William «Pato» Alvarez me presentó a Andy Murray en el Challenger de La Serena el año 2004. En la sala de prensa tuvimos una conversación en la que tocamos diversos aspectos de su incipiente carrera y entre otras cosas me contó que a los 15 años, su mamá, profesora de tenis, lo mandó a la Academia Sánchez-Casal en Barcelona para que se perfeccionara en el juego sobre arcilla, algo imposible en el Reino Unido, donde prima el césped.

 

Emilio Sánchez y Andy Murray.

 

Academia Sanchez-Casal, de Barcelona.

En tierras catalanas el experimentado Pato Álvarez fue designado por Emilio Sánchez como coach personal de este larguirucho de Glasgow que soñaba con ser campeón. Y tras dos años de intenso trabajo, Pato decidió llevarlo por el mundo para que viviera en carne propia las penas y alegrías del circuito profesional. Comenzó por inscribirlo en torneos de menor envergadura, escogiendo para ello los Challengers de La Serena y el de Santiago en el Club de Iván Zamorano. 

Desgraciadamente los resultados para su pupilo fueron poco auspiciosos, ya que no pasó de las qualies en ninguno de los dos torneos.

Meses más tarde tuve la oportunidad de verlo debutar en juniors de Roland Garros contra un pequeño venezolano que le trajo muchas complicaciones. Esa tarde en el hotel donde alojaban los juveniles y parte de la prensa acreditada, Álvarez me dijo que había jugado muy mal pero que lo fuera a ver al día siguiente. Así lo hice y la desilusión volvió a ser la misma. No mostró nada excepcional.

«¿Estás seguro Pato que este es el futuro número uno del mundo?», le pregunté.

LA TAPADA DE BOCA

No pasó mucho tiempo en torneos menores el desgarbado Murray para confirmar el pronóstico de su coach colombiano.

En 2016 Andy se convertiría en el número uno de mundo, sitial que mantuvo por 41 semanas gracias a sus títulos en Wimbledon en 2013 y 2016 y el US Open en 2012, más ocho finales de Grand Slam, seis títulos en Masters 1000, 45 en torneos ATP y el triunfo del ATP World Finals de 2016, derrotando a Novak Djokovic en la final. Fue campeón olímpico en Londres 2012 sobre Roger Federer y en Río de Janeiro 2016 batiendo a Juan Martín del Potro.

¿Algo más? 

Ganó la Copa Davis en 2016 para Gran Bretaña, junto a James Ward, Kyle Edmund y su hermano Jamie. Y hoy ya se prepara para debutar en su querida Catedral.

Sorry «Pato» (QEPD) por haber dudado de tu pronóstico.

William «Pato» Alvarez.