Crónicas de Sergio Ried: Pablo Arraya, un loco lindo

Con su hermana Laura fueron dos de los mejores tenistas que ha producido Perú, aunque nacieron en Córdoba, Argentina.

Por SERGIO RIED / Fotos: ARCHIVO

Pablo Arraya, que es el personaje de esta crónica, nació el 21de octubre de 1961 y ganó su único título profesional en el ATP de Burdeos, 1983, siendo finalista en otros cuatro, semifinalista en el Masters 1000 de Roma y alcanzó el puesto 39 del mundo en agosto de 1994.

Pero no es por esto que Pablo es famoso, porque además del jugador talentoso y de muy buena mano, fue un personaje popular en el ámbito de su deporte, en todo el mundo, por su personalidad alegre y festiva, que lo llevó a hacer muchas locuras dentro y fuera de los courts.

Famoso por ser un «calienta partidos” y hacer perder la compostura a sus rivales, hablándoles, tirando «gilletes» (pelota con mucho slice que se devuelve al picar) desde la línea de base, conversando con el público y hasta contestando con un chiste las provocaciones de alguien de las tribunas.

La más notable fue cuando Borg le estaba dando una paliza en un torneo europeo y él le tiró una «gillete» que el sueco no pudo devolver y él se trepó a la silla del árbitro, tomó el micrófono y gritó: «Le hice una ‘gillete’ a Borg”.

Como capitan de Copa Davis de Perú, sus frases de aliento a sus jugadores son legendarias, así como sus entrevistas a la prensa.

Otra de sus facetas es la de comentarista de televisión y como tal, Milton Millas, con quien yo transmitía el tenis en Megavisión, lo incorporó a una transmisión desde Viña del Mar, aprovechando que él estaba en Chile. Fue divertido y novedoso por su acento y sus graciosas opiniones. Porque si hay algo que a Pablo le sobra, es la palabra.

Arraya con Juan Pablo Varillas, su pupilo.

SU PRIMER PREMIO

Por esas cosas de la vida tuve el privilegio de ser quien le dio a Pablo, el primer premio de su carrera, cuando a los 17 años, siendo residente en la Academia Nick Bolletieri en Bradenton, Florida, ganó un torneo profesional en mi club, en Saint Petersburg Beach. Participaban chicos y no tan chicos, de las academias de Bolletieri, distante 40 kilómetros al sur de mi club y de la academia del gran entrenador australiano, el «Mago» Harry Hopman, que estaba a una distancia similar, pero al norte.

Así, reunía a un selecto grupo de grandes proyectos, como Andrés Gómez, Ramesh Krishnan, Peter Hoad por el lado de Harry y a Pablo Arraya, Mike de Palmer, Jimmy Arias, por el de Nick.

Como todos los que aún eran amateurs no podían recibir premios en dinero, so pena de no poder conseguir becas universitarias, Pablo discurrió una “trampita».

En cada ronda que pasaba, reservaba una prenda de Tacchini, la famosa marca italiana. En su primer triunfo, separó un par de calcetines; al segundo, un short; luego una polera y después de la final, un suéter. Así, se llevó una tenida completa más el trofeo de campeón.

Cada vez que hablamos recordamos ese episodio.

Retirado del tenis como jugador a los 30 años, Pablo comenzó la de profesor y coach en una Academia en Key Byscaine, Miami, luego fue un itinerante que tanto estaba en Los Ángeles, California, como Milán, Italia, para anclar finalmente en su amado Perú, donde tiene su actual Academia y entrena a la gran promesa del tenis peruano, Juan Pablo Varillas.

Ah y además es el capitán del equipo peruano de Copa Davis.

Casi nada, querido Pablito…