Crónicas de Sergio Ried: Superman Muster

Con motivo de estarse disputando el Miami Open no puedo dejar de recordar un hecho que ocurrió en el Lipton Championships de Key Biscayne, como se llamó este torneo en sus inicios.

Por SERGIO RIED / Fotos: ARCHIVO

Fue el 1 de abril de 1989, en la víspera de la final que debían jugar el checo, estadounidense por adopción, Ivan Lendl, y el austríaco Thomas Muster. Una final inédita, porque el rubio de Leibnitz era un consumado especialista de arcilla y ésta era su primera en canchas duras.

Como de costumbre, yo había viajado a Miami con el objetivo de cubrir el torneo para mi revista Quince Cero y otros medios, uno radial y uno escrito.

Con mis amigos Pato Apey y Pato Rodríguez, antiguos residentes en la isla, llegábamos al hotel Sonesta, centro de operaciones de la Academia de Apey, cuando escuchamos que al día siguiente no habría final, debido a un brutal accidente sufrido por Thomas Muster.

Pronto se supieron los detalles del hecho que conmovió al mundo del deporte. Finalizada la semifinal que Muster le había ganado en cinco sets al francés Yannick Noah, el austríaco fue a un centro comercial a comprar algo para comer y estaba sacando sus bolsos del maletero del auto cuando fue embestido por un conductor ebrio, haciéndole trizas su rodilla derecha. Un fotógrafo y un voluntario del torneo que manejaba el auto oficial, también resultaron heridos y el auto del torneo seriamente averiado.

Adiós a las ilusiones de este zurdo de acero, que desde muy pequeño soñaba con ser el número uno del mundo. Si bien ya estaba firme entre entre los top 15 y había hecho semifinales en el Abierto de Australia, y habría sido top 10 de ganar la final, el destino y los médicos que lo atendieron de urgencia, le dijeron que jamás podría volver a empujar una raqueta.

Así, enyesado hasta la cadera y en silla de ruedas, se embarcó rumbo a su tierra. Estaba desolado. «Creí que nunca volvería a caminar ni menos jugar tenis, pero en cuanto me sentí mejor y la rehabilitación se ponía aburrida se me ocurrió la idea de la camilla», dijo un renovado Thomas Muster a CNN. “Entonces con mi equipo de trabajo creamos esta camilla. Si estás seis meses o más sin empuñar una raqueta pierdes el ritmo y tienes que construir todo de nuevo».

El «invento» de Muster para seguir entrenando, pese a su terrible lesión.

Nadie ni nada iban a impedirle cumplir sus metas.

Y allí en el club que lo vio nacer, comenzó su cinematográfica recuperación. Durísimos ejercicios de rehabilitación y su camilla de madera, que le permitía golpear una pelota estando recostado, hicieron el milagro de ponerlo de vuelta en una cancha en menos de seis meses. Así, Muster pudo reanudar su carrera hasta convertirse en el «rey de la arcilla», con 44 títulos en esa superficie, ganar Roland Garros y luego ser el número uno del mundo.