Crónicas de Sergio Ried: Un campeón centenario

Escribo estas líneas recordando al gran tenista estadounidense Elías Victor Seixas Jr., más conocido como «Vic» Seixas, quien acaba de cumplir 100 años de vida.

Por SERGIO RIED / Fotos: ARCHIVO

Su padre portugués de ascendencia judia sefardí y su madre irlandesa se radicaron en República Dominicana antes de pasar a Estados Unidos, donde Víctor vio la luz en Philadelphia, Pennsylvania, el 30 de agosto de 1923.

Desde muy pequeño «Vic» demostró gran habilidad para los deportes, al punto que en la Universidad de North Carolina no sólo jugaba béisbol, su deporte favorito, sino también squash, tenis e integraba el equipo de básquetbol. Hasta que tuvo que decidirse por un deporte y escogió el que mejor jugaba: el tenis.

Y vaya que tomó una buena decisión, porque con su juego de saque y volea se convirtió en el sucesor del gran Jack Kramer, el precursor de esa modalidad que, desgraciadamente, hoy está en extinción.

Y como resulta obvio, sus mayores éxitos fueron sobre césped, ganando Wimbledon en 1953 y el US Open en Forest Hill’s en 1954. Además obtuvo seis Grand Slams en dobles y ocho en mixtos. Sumando a todo eso veinte participaciones en Copa Davis, ganando el trofeo en 1954, derrotando al equipo de Harry Hopman y sus «chicos maravilla», Ken Rosewall, Lewis Hoad y compañía en Sidney, Australia.

MI AMIGO “VIC”

Con motivo de un torneo de profesionales de la «troupe de Jack Kramer» realizado en un club vecino al mío en Saint Petersburg, Florida, el año 1978, tuve la ocasión de conocer a uno de mis ídolos, el afamado “Vic” Seixas.

Como encargado del transporte de los jugadores, tuve la misión de ir a recogerlo al aeropuerto de Tampa, a una media hora de Saint Petersburg.

Tras los saludos de rigor, el tenista me presentó a su acompañante, una joven y guapa mexicana llamada Amanda. No me extrañó que un tipo tan famoso, con tan buena pinta y con dos divorcios a su haber, tuviera una noviecita mucho menor que él.

A su vez, “Vic” se mostró feliz de encontrar a alguien que pudiera hablar español con su chica durante la semana que iba a pasar en la ciudad. Por eso, decidió hacer de mi club su lugar de entrenamiento y relajo, ya que la piscina y las instalaciones le permitían a su pareja disfrutar mientras él estaba en la cancha.

Mi sorpresa fue mayúscula cuando el segundo dia apareció en mi club con Pancho González, el mejor tenista de la historia según muchos, con el australiano Neale Frazer y Whitney Reed, un estadounidense que conocí en Chile, cuando jugó un mini torneo en el Stade Français.

No podía creer que estos «monstruos» estuvieran jugando en las mismas canchas en que yo hacía clases. Y menos cuando “Vic” me invitó a practicar con ellos.

Las hermanas Ried, Paola (izquierda), jugando a dos manos, y Rosemarie pegando de derecha.

 

 

 

CLINICA DE MAESTROS

El contrato de los jugadores que disputaron este Almaden Tennis Classic, incluía que dieran clínicas de tenis para niños. Y, obviamente yo llevé a mis hijas Rosemarie y Paola, de 10 y 7 años, a que aprendieran de estos grandes del tenis.

Después de varias rondas de peloteos con Pancho y sus colegas, éste me felicitó por lo bien que jugaban y con una sonrisa maliciosa, me dijo: «Se nota que tienen a un gran profesor».

Con ese elogio y la convivencia con los más grandes tenistas del mundo, cerré uno de los capítulos más gratos e inolvidables de mi fascinante vida en el tenis.

¡Que vivas para siempre querido “Vic”!