Crónicas de Sergio Ried: Una mañana con Blatter

Eché a andar mi grabadora y comenzaron mis preguntas y las siempre medidas y mesuradas respuestas del Zar del fútbol.

Por SERGIO RIED /Foto: ARCHIVO

Para comenzar esta historia, tengo que decir que mi hija mayor, Rosemarie, casada con un piloto de aeronave suizo, vivía en Zurich y gracias a su impresionante currículum y a que habla varios idiomas, pudo asumir un importante cargo en FIFA.

Eso facilitó que no tuviera problema en conseguirme una entrevista con Joseph Blatter, el magnánimo Secretario General del organismo que presidía el brasileño Joao Havelange.

Aprovechando que, como cada año después de finalizado Wimbledon me encontraba en Zurich la visitando a mi hija, la cita quedó pactada para el 8 de junio de ese año 1997 a las 9 de la mañana.

Rosemarie, hija de Sergio

BLATTER «SEPP» BLATTER

Conocedor de la tradicional puntualidad suiza, a las 8:30 ya me encontraba con Rosemarie en la antigua casona que servía de sede del organismo más poderoso del orbe después de la Iglesia Católica.

A las 9 clavadas, el poderoso señor Blatter nos hizo pasar a su faraónico despacho y tras el saludo de rigor me preguntó en qué idioma quería la entrevista. Le respondí que me daba lo mismo que fuera en inglés, francés o español y él, tal vez como deferencia hacia mí, comenzó a hablarme en perfecto castellano.

Eché a andar mi grabadora y comenzaron mis preguntas y las siempre medidas y mesuradas respuestas del Zar del fútbol.

Como era obvio, los temas principales eran el Mundial de Francia del año siguiente y las elecciones de Presidente de FIFA, que se efectuaban en la misma fecha.

Le pregunté si él iba a ser el nuevo Presidente y algo molesto, me contestó que él era un simple funcionario de FIFA y no iba a hablar de este tema.

Tras una amable charla, a las 9:45, me dice que tiene que tomar un vuelo a las 11 y comienza a levantarse del sillón. Ahí me salió el chileno y tomándolo del brazo, le digo: «¿Y bueno, señor Blatter, entonces va a ser el nuevo presidente o no?

Definitivamente molesto, se puso de pie, me dio la mano y me dijo: «Señor Ried, ya le dije que no hablaría de ese tema».

Temiendo que se hubiera enojado y con ello tuviera alguna repercusión en el trabajo de mi hija, me sorprendió cuando, al llegar a la puerta, se detuvo y le dijo a mi hija: «Rosemarie, no te olvides de darle el tratamiento VIP a tu padre».

GRACIAS FIFA

El «tratamiento VIP» consistía en un enorme bolso Adidas, gran sponsor de FIFA, repleto de regalos como buzos, casacas, camisetas, poleras del Fair Play, lápices, llaveros y toda la gama de «souvenirs» de FIFA.

La grabación completa de la entrevista la mandé por teléfono desde la oficina de mi hija y la transcripción al diario La Tercera, que la publicó el 9 de junio de 1997 bajo el título «Blatter, ojalá clasifique Chile».

Profecía que se hizo realidad, con el agregado de que, además, él fue elegido Presidente de FIFA.

Al respecto, el año siguiente, en los días previos al Mundial y las mencionadas elecciones, encontrándome en París con motivo del torneo de Roland Garros, le comenté a mi hija que había leído que el rival de Sepp Blatter, el sueco Lennart Johansson, había pagado suculentas sumas a algunos delegados para que votaran por él, a lo cual Rosemarie me contestó: «Y usted no sabe cuánto pagamos nosotros, papá…».

Tres años después de asumir como Presidente de FIFA, Joseph Blatter, despidió a todo el departamento donde trabajaba mi hija y los reemplazó por sus secuaces.